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martes, 30 de agosto de 2016

.... Y EL MAR GRITABA...

EStaba decidido pese a lluvia y mareas altas, haría un divertido día de surfing. Primero fui a probar el agua, fuera a estar demasiado fría y me echará a perder mis planes de diversión y preparativos.

Una vez controlada la temperatura del agua de mar, como chica de 10 años tomé mi tabla de surf, mi bañador, además de todo el equipo de spa, iba yo en el elevador cargada de cosas que fui descargando en los diferentes pisos.

Llegando a la playa, considerando que lloviera, coloqué mi ropa protegida por el cojín donde uno se recuesta. Seguramente tendría frío al salir del agua, y quería asegurarme poderme secar.

Llegando a la playa..... Nada. Yo esperaba grandes olas, revolcones, un bañador lleno de arena. Me sentía en la tina de mi casa, solo que un poquito más grande. Caminaba varios metros, cuando el agua había llegado a mis rodillas, me tiraba en la tabla, esperando una gran ola que me empujara a la orilla Nada. Así pacientemente, nadando y disfrutando la pasividad del mar en tiempo de tormenta, nadaba dejándome llevar en reversa por la discreta corriente que movía las olas. Miraba cómo finalmente había pasado un edificio. Al cabo de otro largo tiempo,... Otro edificio más. Mi paciencia y deseo de echar fuerzas con el mar, mi búsqueda de hacer abdominales... Nada, todas mis expectativas se iban desmoronando.

De pronto me vino a la mente aquél día en que fui a aprender a hacer surfing con mi hermano: "busca la ola grande, donde se está formando la espuma, y te dejas llevar", recién entonces me ahogó una ola. Yo con los ojos cerrados, esperando que se acostumbraran al agua salada, sentía que se iban mojando de a poco, y me ardían más que al recibir el agua salada. Decidí que mantendría los ojos abiertos, tal vez se secarían más rápido. Sentí la corriente que me llevaba y me ahogaba, unas medianas olas hacían más profundo el piso que tocaba. Finalmente, había encontrado una corriente con olas. Yo animada me profundicé en mitad del mar, esperando las olas inmensas que me arrastrarían hasta la orilla. Muy divertido, pero nada emocionante ni espeluznante. Me dio tiempo de estudiar el recorrido de la corriente. Me parecía estar en un juego de olas, de los que son imitación de pileta de oleaje de 3 x 10 m. Me mantuve otro rato en este juego de olas, nada espeluznante ni retador, nada que llenara mi curiosidad épica, como las olas del mar abierto de Acapulco, aquellas que en sólo 10 min, me mandaron a descansar a la orilla para permitirlas contemplar desde afuera, porque ya estaba agotada.

Seguí nadando, notaba que la marea subía. Había unos chicos de 6 y 8 años nadando junto a mí. Su padre vino a buscarlos, y desde la orilla los miraba que no se ahogaran. Yo esperando mis grandes olas. Y llegaron... No eran las Mavericks tamaño edificio que esperaba, pero me ahogaron bien, me mojaron la cara y me cegaron otro poco. Me llevaron a la orilla y nuevamente las tomaba en mitad del mar. Ya me había cansado, tanto esperar la fuerza del mar, también me había aburrido. " ahora sí, nadando me voy de regreso a casa" Me recordé una seductora conversación con un joven apuesto. "Esto es como hacer el amor" No sabía a qué se refería mi recuerdo, hasta que me vi nadando y nadando, para permanecer en el mismo punto. El agua me revolcaba, me ahogaba, me jalaba, de la misma forma que lo hiciera un  amante en un momento apasionado. yo miraba las olas, y recordaba la frase "yo te llevo a casa, sólo déjate llevar". qué placer tan Enorme, ver esas olas inmensas, que no me permitían salir de mi corriente, yo nadaba y nadaba, me esforzaba, y al voltear a la orilla, estaba en el mismo punto. En verdad un momento placentero, siendo arrastrada por los brazos de ese hombre delicioso... Finalmente escuché al mar gritar. El juego se había terminado, mi edificio estaba muy lejos, y cuando el mar grita, hay peligro al acecho.

Me paré en el fondo del mar. El agua me llegaba a las rodillas..... Sí, no era peligroso en donde me encontraba. Caminé con fuerza, la corriente no me permitía avanzar, yo con la fuerza de mis pies sobre el fondo del mar, sentía como quien camina en una banda sin fin. Recordaba el grito del mar, el cuento de quién había escuchado un terremoto y luego la ciudad temblando a 6 grados Richter. "Se escucha como un tractor dentro del mar" El mar avisa, sólo hay que saber escuchar. Seguía en mi banda sin fin, disfrutando del agua en mis rodillas, en la fuerza que debía hacer mi abdómen para poder avanzar. Las escasas gotas de agua que empezaban a caer, eran el grito que el mar había dado hacía apenas unos minutos. El cielo sobre mi, negro, el viento helado fuerte. Finalmente llegué a un espacio de remanso, donde me pude introducir y evitar el frío que sentía mientras caminaba. De pronto se soltó la tormenta.... wow, qué delicia, mi amante marítimo venía a soltarme agua por todos lados, mojada de pies a cabeza, por la lluvia y el mar;  yo me seguía sumergiendo en el mar El agua era cálida, comparando con la lluvia y el viento que pegaban en la superficie.  Recordaba el grito del mar,  y me venía a la mente  las clásicas tormentas fuertes, con truenos y relámpagos, y yo metida en el agua que es conductora; "vendrán también relámpagos" el agua es conductora, " mejor me salgo y si veo un relámpago me tiro al piso" " uy que frío, mejor me vuelvo a sumergir". Así finalmente llegué a mi edificio, el agua caía con fuerza, el viento me arrancaba la tabla de surf, que ahora yacía sobre mi cabeza. A ver si así era menos frío recibir la lluvia.  Mi ropa en la playa bajo el camastro  estaba bastante seca. Me envolví en la toalla, para que al menos me mantuviera el calor que el agua de mar me había brindado. En medio de la tormenta, la toalla me mantuvo caliente, me evitó desmayar de frío, y de que me cayera un rayo.... Ya a salvo en el spa, tomé un baño caliente, un vapor hirviendo, y toda la aventura con el mar se quedó en mi memoria. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

FISICA CUÁNTICA Y ESTADO MAGALLANES

Al empezar cada día reviso mi persona, verifico si todo está como yo lo deseo, como a mi intuición le corresponde. Así recuerdo lo que el autor de "deja de ser tu" describe en su libro sobre el estado mental de cada quien. Dice que si uno hace bien la meditación y se acomoda de la forma correcta en el mundo, no habrá situación ambiental que haga que cambies ese estado mental.

La física cuántica en el ser humano dice que éste es sólo energía,  la cual se puede modificar de la forma que uno quiera.  He estado observando, en mi propia vida, nada que ver con los grandes meditadores occidentales, o los que tienen mucha experiencia en este campo, y lo que he notado es la sincronicidad de calma. Por supuesto que hay días en que el mundo exterior, me dice que me despierte, que hay un asunto importante por resolver, que hay una zancadilla que me quieren poner, ahí mi sincronicidad es todo desorden es todo desarmonía, ruido, no hay concentración capaz de meter a la vida. Sin embargo si no hay ningún problema ajeno a mí que resolver, todo es calma, la sincronicidad es de felicidad, de ayuda externa, la gente me ayuda, me acompaña. Es precioso cómo si uno ha conectado correctamente la energía, ésta funciona para uno, como uno desea.

Otra forma de comprobarlo, me ha llegado ahora que estuve en El crucero Austral. Es en definitiva toda una experiencia mística. Como no hay nada que hacer,  uno se desconecta completamente y entra en un estado de paz o de aburimiento según uno quiera, pero yo había decidido  estar tranquila. Todo empieza cuando uno aborda el barco, te avisan que durante cuatro días, no habrá teléfono, si, no hay señal telefónica, y qué hablar del wifi, eso es para el mundo, no para ese lugar apartado. Cuando uno entra al Estrecho de Magallanes, lo único que ve son montañas, algunas nevadas, algunas áridas, o alguna más con arbolitos pequeños, el clima de la tundra hace que la naturaleza crezca muy lentamente, que la naturaleza viva discreta a su paso, sin gran exuberancia. el agua va calma, como un ancho río con pasadizos y salidas  a través de la cadena montañosa que de pronto se corta. Así pasa una hora, y pasan dos, y pasan tres, y fuera de las actividades distractoras de almorzar, conferencia y dormir, no hay nada más que hacer. En algún momento, hay expedición de flora y fauna.  Wow! quien dijera todo lo que hay que aprender en un campo de hielo, que haya tanto que saber en un espacio donde alguna vez sólo había hielo y nada de agua, sólo había tierra y agua, cubierta por hielo y glaciares.

Toda la combinación de otra rutina diferente, sin tecnología, sin ciudades que conocer, con gente de otros países con la misma curiosidad de cultura general que uno tiene, en el barco, genera un estado de paz, un estado de desarrollar las células positivas, hacer conexión de los genes correctos para que la vida funcione con felicidad, sin estrés.

Dice el libro que uno al repetir rutinas negativas, tener pensamientos contradictorios y desagradables una y otra vez, refuerza que ciertos genes y células se conecten, estamos hablando de energía, de situación etérea, de aquello que no se ve ni se conoce, de aquello que sucede sin que nuestra vista o nuestra respiración se percate. Son las conexiones sutiles que van formando la personalidad de cada uno, y que al vivir el día a día van haciendo aquello que somos.

Yo iba abierta, con mis ejercicios y mi rutina claros sobre la calma y la felicidad, y el día de hoy, lo que vine a aprender fue que al haber estado en ese lugar y recordar los paisajes, mi estado de stress, desaparece, y puedo enfocarme en lo importante. El asunto aquí es que uno pueda desconectarse, logre entrar en ese mundo de nada, de no tecnología, de pingüinos, cormoranes y guanacos, y entonces  le ayude a desconectarse de aquello que a uno le agrede, de aquello que es nocivo para uno y que no lo sabe. Uno quiere vivir en la felicidad, y es algo imposible, el cerebro no lo permite, el cerebro necesita emociones y concentración, traducido en  lo que ya conoce  porque es lo que ya le enseñamos. El cerebro interpreta este estado de calma como de el que está enamorado, o drogado. Sin embargo, al final del día, cuando uno ha confrontado los deberes, y el estrés que esto conlleva, al dormir, nuevamente se conectan los genes positivos, las células de felicidad, y nuevamente uno medita, y refuerza lo positivo, lo hermoso, lo feliz lo que a uno le genera estabilidad. Acostumbrando al cerebro que la calma es emocionante, que la calma no es la droga excesiva de las endorfinas y xerotoninas en exceso, que eso no es malo, sino es lindo, éste va cambiando y se habitúa a no producir  aquello que nos hace enojar que son otras sustancias que contraponen las xerotoninas.

Yo he hecho un tótem, me encontré un paisaje parecido al de las montañas de Tierra del Fuego, le he colocado algunas fotos, y así, al verlo cada día, recuerdo ese hermoso momento y me transporto al estado Magallanes, al estado de calma que mi vida necesita. Este estado me sirve para estar alerta, para entender mi intuición, para funcionar en mi día a día, en mi rutina y mis obligaciones. No estoy tirada, ni sentada en flor de loto mirando árboles, estoy viviendo, con la presteza y la certeza de quien no se equivoca. 

sábado, 11 de octubre de 2014

SANTIAGO DE CHILE: UNA FUERTE EXPERIENCIA

Finalmente en Chile, aquí mirando la cordillera, en tres horizontes, aquello que limita y no permite ningún cambio, la modernidad de los edificios  que resumen a toda la población en un espacio reducido, y algunos árboles que intentan dejar algo del origen de lo que fue este lugar. Intentan dejar algo de frescura y área verde donde sólo debería haber  edificios, mayor ganancia para algunos. Sin embargo los límites de su cordillera, les recuerdan sus orígenes, su influencia germana que se refiere al orden y a la armonía, la incapacidad de hacer algo correctamente  sin necesidad de salirse de los límites latinos. Es todo en uno, es una ventana abierta, mostrando la primavera, el calor de un clima que se espera ardiente, y la cerrazón de aquello que no se puede cambiar, de aquello que debe aceptarse, porque así fue decidido.

Yo he llegado distraída, con la predisposición que me dieron:  "cuando vas de viaje,  hay que tomar pastillas de energía, para que  esté uno despierta, que esté una al tiro sin que alguien te vea la cara". Así, en cuanto me he instalado en el hotel, y notar mis deficiencias, me he recordado mis células chilenas, y de habla inglesa, todo aquello que me hiciera funcionar correctamente como local, en el ambiente a que he sido llamada; es tan importante que tus movimientos sean como del lugar. Sin embargo, me ha sucedido lo que nunca: me han robado la cartera. Un carterista especializado, me ha dado una nalgada, yo pensaba que era mi bolso que al movimiento me había golpeado, mi guardia baja no me permitió mirar más allá de lo que era mi imaginación. Sin embargo al intentar pagar, me he descubierto despojada de aquello que hacía unas horas, yo tenía en mi poder. Cuanta tristeza, yo siempre tan segura por la vida, siempre imperturbable, todo controlado, al recibir genes chilenos, me robaron. En el shopping, los guardias y la gente a la que preguntaba, todos ponían cara sin expresión, tal vez sea algo común, pero me hicieron creer que no lo es, su expresión era parca, simple, seria, como quien intenta dar tranquilidad a su interlocutor, o sea yo. Sólo me pregunto ¿qué tan común es que a una chilena le quiten la cartera de su bolso? ¿Estaría yo tan distraída que me vi presa fácil? Tal vez al atraer la seguridad de un local, mi persona guardó las antenas que un extranjero  lleva en cualquier lugar. El de mirar alrededor, y estar alerta. Sin embargo, yo no estoy acostumbrada a estar rodeada de gente, de salir en grupo, cambiando de un lugar a otro, esperando darle gusto a todos. Tal vez el hecho de estar en un espacio al que no estoy acostumbrada, me haya bajado las antenas. No es el adquirir seguridad de local, es el estar en un ambiente ajeno a mi seguridad. Mi seguridad es ir sola o con mi familia, yo estar al pendiente y que estén al pendiente de mi, un intercambio de miradas, que aquí no había, porque eran todos extraños a este lugar. Tal vez fuera yo la más segura, pero su compañía e incertidumbre bajaron mis antenas.

De pronto tengo que ir al baño, la manifestación más simple del miedo me tomó, y lo más básico de control se relajó. No pudo guardar lo que debe, lo que acostumbra, lo que le da seguridad. Mi cuerpo ha quedado expuesto, ante lo inevitable, el saber que la incertidumbre de un líder distraído, se me ha pegado, me ha traído la mala suerte de verme vulnerable y más simple víctima.

El ladrón respeta a los hombres viejos, pero no a las mujeres, piensa que un anciano es para cuidarse, y que  la chica que está con él, está tranquila porque se siente protegida por él, y por default la siente y la sabe vulnerable. No es el grupo lo que me bajó la guardia, es la visión del ladrón, que sabe que si el líder abuelo, no está al pendiente, le pasa la incertidumbre al ente más vulnerable del grupo, aquél que el menos respeta. Era un hombre joven  que está molesto con su madre a quien le tiene mucho enojo y a quien está acostumbrado a sacar la plata.  Un joven introvertido y observador quien su abuelo ha sido una figura importante, y a quien respeta, por lo que son las mujeres que lo acompañan, quien merecen su atraco.

Mis historias creativas solo sirven para darme tranquilidad, para mostrarme que siempre hay alguien adelante de mi, que aunque yo esté segura, tengo que compartir aquello que me sobra, aquello que tengo para mi. Aquello que he perdido debí regalarlo con desapego, desear que esa plata que se me ha hurtado,  se le haya dado un buen uso, y que yo no me quedo más pobre, sólo me da la oportunidad de encontrar el motivo de mi desvelo, para seguir adelante, compartiendo lo poco o mucho que pueda tener. Tal vez, sea un recuerdo de mi año 8, el año de recoger frutos, de compartir los frutos remunerados de mi ciclo de laburo que está por terminar. El año 8 es sólo de recibir plata, y efectivamente, la he recibido, y es para mi bien, compartirla, aunque sea obligada.

miércoles, 23 de abril de 2014

EL CEREBRO

Ya de noche, nuevamente me entra la ansiedad de algo, una sensación de que estoy en falta y que me es debido y no consigo suplirlo con nada. Me tomo una taza de café, y deseo una factura para acompañarlo, pero me doy cuenta que ello no me llena. No es el estómago, es algo que me ponga feliz, que me dé emoción, que me dé mucha alegría y eso no lo consigue: ni la comida ni el estómago me calman esa ansiedad.

Tengo una picazón de algo que tengo que hacer, me hace falta una actividad, y no percibo qué; claro, mi mente necesita un desfogue. Hoy hice tantas cosas, observé el patio triste sin árboles, pregunté a toda la gente qué había sucedido con los árboles, nadie sabía; reclamé al manager, yo tenía razón: estaban dando plaga y no crecía nada alrededor, traerán otros pequeños de unos dos metros para suplir estos de 50 años de vida. Vino un cerrajero para reponer las llaves, hice las compras. ¡Cuantas cosas que uno hace que la agotan y que consumen tiempo! Pero era menester ganarle al tiempo y aprovechar los minutos; como hormiguita seguí mi rutina, haciendo varias cosas, revisando el trabajo de la gente, marcando los nombres de las puertas que mis llaves recién copiadas abren. Con toda prolijidad, me puse a colocar colores y nombres en cada una, para que no sufra buscando nuevamente más llaves.

El tiempo corría y yo tras él. Hasta que me cansé, hasta que mis piernas dijeron "basta" y entonces, escuché a mi mente, ella me decía, "necesito moverme yo, necesito un poco de aceite, un poco de creatividad", fue así como llegué a mi paraíso, llegué a mi lugar feliz donde mis sueños se hacen realidad, a mi casa de lavandas y piedra.

Visité un museo interesantísimo. Uno que habla sobre el cerebro, por supuesto que no es actual, los experimentos son un poco antiguos, pero no por ello menos interesantes. Algo hermosamente didáctico. En una pared están los dos  hemisferios cerebrales gigantes pintados de colores,  cada color representa  la parte del cuerpo que mueve esa región del cerebro o las partes del cuerpo que sienten en esa región. Yo fascinada mirando cómo trabaja mi órgano favorito del cuerpo.
Más adelante fotos de  experimentos, neuronas haciendo sinapsis y otras renovándose en el hipocampo. La única parte del cerebro que si se regenera es el hipocampo, el que guarda las emociones y los recuerdos que los sentidos le enseñan.
Catedráticos que en los 60´s ganaron premios nobel al descubrir las funciones neuronales, y las partes del cerebro. Es increíble que tan solo en los 60´s hayan empezado a aprender sobre el cerebro. Seguramente hubo primero que desarrollar mejor los rayos X y las máquinas de resonancia magnética para tener herramientas que investigaran sobre esta parte del cuerpo tan interesante, tan importante.

Cada sala, cada información todo mostrado con la didáctica moderna, audiovisual, tocar y montar artefactos que explican qué le pasa a las partes del cuerpo que éste controla, cuando hay algún movimiento en la tierra, qué movimientos realiza el cerebro para compensar lo que está fuera de él.  Explica el efecto de los diferentes medicamentos en un audio. También algunas enfermedades mentales comunes como la epilepsia, esquizofrenia, esclerosis lateral éstas en audivisual con ciertas fotografías que explican qué provoca esta enfermedad y qué sucede en el cerebro cuando éstas se manifiestan. Muestran las sinapsis, o la falta de ellas, la enramada neuronal con sus axones y sus dendritas, todo el mundo que está dentro de nuestra cabeza que todavía tiene muchos misterios por resolver. Esa parte que la damos por hecho, porque al igual que el brazo o la pierna, funciona y asumimos que quiere mantenerse en el anonimato porque no se muestra y no lo vemos a simple vista, no le ponemos atención; sin embargo si esa parte no funciona correctamente,  si sufre de alguna anormalidad, todo el cuerpo lo resiente.  

lunes, 3 de febrero de 2014

Istanbul- Otrtaköi

ISTANBUL no es sólo mezquitas, sin embargo a mi me gusta mencionarlas porque son la manifestación material de la gente. Las culturas alaban a su Dios a través de los templos, las construcciones, decoraciones e implementos convencionales que les son útiles para sus ritos. Me gusta mencionar primero la arquitectura porque en ella, la gente se manifiesta con sus más bellas creaciones, dá lo mejor de si mismo, su mejor cara, su máxima alabanza porque es para adorar a un Ser Supremo. La arquitectura me atrae por su magnificencia, porque a través de tantos siglos, sigue preservándose y manifestándose una y otra vez como un símbolo de algo bello.

Las zonas habitacionales se ven igual que en cualquier parte, algunos edificios nuevos, otros abandonados, pero no me llamó la atención cierto tipo de construcción como lo puede ser el entramado en Francia y Alemania.

Además de Mezquitas, en Istambul hay bazares. Hay un pequeño barrio llamado Ortaköi. Así es, tan sucio su nombre y es hermoso el pequeño barrio. Antigüamente fue un pueblito de pescadores, todavía se ven algunas barcas, pero como siempre, la ciudad se come lo lejano y ahora es una zona donde hay barcas de pescadores, huele a pescado, pero no lo vi a la venta. Lo que vi fue un hermosísimo restaurant a la orilla del Bósforo, dónde como almuerzo comimos una deliciosa patata gigante rellena de: ya no recuerdo, pero deliciosa. Estaba suave, casi hecha puré. En frente mío tomaron la patata hirviendo, creo que la sacaron de un horno, la partieron por la mitad y la carne la rompieron, cubrieron con sal y manteca, y le agregaron el relleno que yo había elegido. Era una delicia. Mirar el Río Bósforo, que es tan ancho como el Río de la Plata, comiendo esa deliciosa patata rellena, y charlando con las amigas, fue una experiencia en verdad inolvidable. No era un lugar elegante, pero me hizo pensar que estaba yo sobre un barco mirando el mar. A lo lejos había una.... si.... mezquita en refacción pero estaba cubierta con una enorme manta con el dibujo de lo que había allí debajo, para que no rompiera con la armonía del lugar. Este hermoso pueblito está justo debajo del puente que conecta Europa con Asia y como el puente es una belleza, debían cuidar todos los detalles para que durante la refacción, siguiera luciendo hermoso el ambiente. Este pequeñísimo barrio, consta de unas cuatro calles de subida, todas ellas con mesas llenas de joyería. Cuántas piedras. Qué belleza. Todo brillaba, había adornos para cada rincón del cuerpo: anillos dobles, brazaletes con cierre de presión y con un elástico, era todo un placer que hubiera querido llevar todo conmigo. Yo buscaba piedras azules, me encanta el azul, y he encontrado una hermoso brazalete con piedras venecianas, de todos tonos  y formas, piedras traslúcidas, y opacas, pintadas y simples. Por supuesto que mientras encontraba mi brazalete, se me han pegado otros de muchos y diversos colores y formas, era aquello una delicia para los ojos, una belleza mirarse brillando de arriba a abajo.

Las ventanas tan elegantes. Los cojines siguen siendo lo más emblemático de Turquía pese a que ya tienen muebles y sillas y las usan, no son sólo de adorno como en la época de los sultanes. Sin embargo nunca había visto tantos cojines tan hermosos, un almacén llena de ellos, todos con dibujos de diferentes colores, de diferentes figuras. Yo creo que todavía los usan mucho en sus casas, porque en ningún lado había visto un almacén sólamente de cojines.

Yo hubiera querido quedarme más tiempo en Ortaköi. Que hermoso barrio, el día estaba nublado, no hacía calor, pero quería quedarme aromatizada con la seducción de este precioso lugarcito. No es grande ni el más hermoso, pero tiene esa esencia de pertenencia, ese sabor de belleza a algo excepcional, ese aroma especial de un lugar que uno quiere permanecer y no moverse. Hubiera querido sentarme en una banquita, pero la única que había estaba detrás de un carrito lleno de pescado. El olor no me hacía muy feliz, y mis acompañantes, habían terminado de estar. Yo iba paso a pasito, atrás de la comitiva, mirando, absorbiendo, contemplando llenándome de todo ese ambiente tan especial de este pequeñísimo barrio.

Como dije anteriormente, estábamos junto al puente que conecta con Asia. Un hermoso puente que mide mucho, tal vez 1 km o 10, los números no se me han quedado. Es de dos sentidos, a ambos lados tiene tensores que soportan barandales con una separación de 5 metros de arriba a abajo, ni un transporte de carga, que son grandes y voluminosos, lo superaba. Es de color blanco de día, y de noche lo encienden con luces de colores que van cambiando con cierta frecuencia. Me ha contado un abuelo que en los últimos quince años, que no había venido el pequeño Istanbul, había madurado y europeizado su personalidad. La gente era más independiente y segura, no tan fanática ni perseguidores por no seguir la religión al pie de la letra. Me ha encantado esa historia. Ese hombre, me hablaba en francés y mirando el puente de Asia cambiar sus colores, me imaginaba con lujo de detalles, todo lo que él me explicaba sobre esta mágica ciudad.

Cruzamos el puente y llegamos a Ankara. Dicen que es igual Asia que Europa, pero a mi me pareció más ordenado Asia, con espacios más grandes. Creo que aquí vive la gente de clase media y debe cruzar este hermoso puente diariamente para ir al laburo a Istanbul.

Me ha fascinado el comercio en Ankara. Sólamente viajamos en auto, no pudimos descender y aspirar el aroma de la gente, observar con cuidado las ventanas, mirar el andar apresurado o pausado de la gente. Eramos sólo un auto más visitando una extensión de Europa, en una pequeña porción de Asia. 


miércoles, 8 de enero de 2014

Istanbul - Eyüp

Amanecía lluvioso, el Bósforo tenía una triste cara grisácea llena de lunares de lluvia que lo cubrían en toda su inmensidad. El día era frío, ya se había ido el verano, dejando el clima frío, húmedo del otoño. Aunque aquí el clima es muy regular todo el año, cuando llueve, baja la temperatura. No me gusta cuando llueve y menos de viaje, se mojan los zapatos, y va uno para acá y allá pescando una linda gripe.

Cuando Meltem, nuestra guía nos pasó a buscar, no llovía, había cesado un rato, mi campera de lluvia llevaba un gorro, que me ayudaría a resolver en parte la humedad. De manera que con este clima nos dirigimos a Eyüp. Aquí entre nos, me parece que era el favorito de la guía, porque cada día nos mencionó algo sobre este lugar, ya fueran los mármoles, o el lavador de pies, o algún detalle que veríamos más adelante, al llegar acá.

Nos encontramos con un pequeño barrio muy limpio, calles estrechas, empedradas, un poco escarpadas por estar montadas en una montaña. Con cuidado, descendimos del transporte y caminando observamos una hermosa plaza hecha con piso de mármol. Aunque llovía y estaba nublado, se podía observar con detalle la armonía del lugar. Algunos establecimientos pequeños que vendían souvenirs, o algo más para la gente que habita cerca. Me llamó la atención la fuente a la altura del piso. El chorro cae haciendo cúpulas de agua en el vacío, para volver a surgir nuevamente de ese lugar al que cayó. Parece una pequeña copa de árbol en el suelo, toda hecha de agua. Está rodeado por árboles verdaderos. Cuenta la tradición que el profeta tuvo un sueño: una rama seca de la que surgían hojas frescas. Al encontrar la señal de su sueño en este lugar, decidió que aquí edificarían la mezquita suplente de la Meca. Cuando los fieles no pueden ir hasta allá, pueden venir aquí a cumplir la obligación que todo musulman tiene, de ir por lo menos una vez en la vida.

A diferencia de otras mezquitas, aquí se respira silencio, paz. Aquí se siguen las reglas del islam con mucho más rigor que en cualquier otro lado.

En la entrada de una gran verja llena de árboles, está el cementerio. Enormes figuras, de estelas posan sobre cada cripta; un placer a los ojos mirar esculturas y mausoleos que se pierden hacia la izquierda. Siguiendo el camino a la derecha, está la rama con las hojas de la señal del profeta y más adelante tras caminar por un camino cubierto de árboles y un poco escondido, se llega a la enorme explanada con el lavatorio de pies. Aquí vi algunos más que en otras mezquitas lavando sus pies, y a otros más haciendo oración. Nos pidieron que cubrieramos la cabeza con un pañuelo, nos descalzamos y guardamos los zapatos en unos plásticos. Entramos en la enorme mezquita, que al igual que las otras tenía medidas enormes. Aquí no se podía hablar nada, ni en voz baja. Me ha gustado tanto este ambiente, es la única mezquita que me llamó a orar. Por supuesto que lo hice estilo occidental, en silencio, de pie, cerrando los ojos y contemplando aquella inmensidad de volúmenes y espacios.

Me ha dejado una agradable sensación al salir de aquí. A lo lejos, vimos unos hombres y mujeres, vestidos en lino blanco, que según la guía, se dirigían a La Meca.

Eyüp se sitúa en la zona del cuerno de oro. Aquí se fundó el Imperio Bizantino y Constantinopla. En el cuerno de oro las embarcaciones se encontraban más seguras de ataques sorpresivos. Es un paso natural entre el Bósforo y el mar de Mármara, y tal vez por su ubicación, o por la forma de cuerno es que le denominaron así.

Rodeamos la mequita, entramos en un camino de ripio y subiendo un poco, llegamos a un teleférico que nos ayudó a cruzar la barranca hacia el otro lado. Aquí llovía copiosamente, y me he encontrado a la venta un hermoso paragüas rosado transparente. Lo abrí y cerré, y me gustó el estilo, resistente y  frágil, dado el precio que pagué por él. Por lo menos, me ayudaría a pasar el día, pensé. Para mi sorpresa, el paragüas me ha durado muchos años. Subiendo por una escalinata, llegamos a la antigüa casa de Pierre Loti. Hoy es un museo, y un lugar donde venden las obras de este autor que durante años viviera en esta pequeña casa, esperando a que cada día llegara Aziyadé, una esclava de un harem, que lo conquistó.

Tomamos te de manzana, típico de Istanbul, o tal vez de



Turquía, y unas masas duras, o pan o algo así. Nada delicioso que haga a mi mente recordar.  

sábado, 4 de enero de 2014

Istanbul - Haghia Sophia

Visitar la mezquita azul fue curioso, había demasiada gente, parecía un bazar más que un lugar de oración. Al mirar las fotos, me ha faltado describir los ventanales y curiosamente mis ojos vieron detalles que la camara no ha podido retratar. La cámara ha tomado un todo que mis ojos han visto como un detalle.

Istanbul inició como el Imperio Bizantino, fue famoso porque allí estaba Constantinopla. En algunas zonas antigüas, todavía quedan rastros de la enorme muralla de piedra amarilla clásica de las construcciones de esa época. En un principio, todos los habitantes eran de religión ortodoxa y una de las principales construcciones que tiene Istanbul es Haghia Sophia, que significa Santa Sofía, que no tiene nada de santo sino que se refiere a la "Divina Sabiduría". Esta enorme construcción se hizo como iglesia ortodoxa, los venecianos dorados forman imágenes y pasajes de la biblia hermosos.

Nuestra guía nos ha mostrado con gran cuidado las caras santas que tienen los actores de las paredes. Más adelante, Istanbul fue conquistado nuevamente y se hizo musulmana, entonces, Haghia Sophia se convirtió en mezquita islámica, cubriendo los hermosos mosaicos dorados con paredes pintadas con algún grabado. Tiene hermosos mármoles de colores que durante años seguían las normas musulmanas. En algún momento de mayor población, los ortodoxos reclamaron su iglesia, querían que les fuera devuelta para su uso, considerando que ya había suficientes mezquitas. Como no se pusieron de acuerdo, el presidente de entonces, Atatürk, la tomó para el estado y la hizo museo. Hoy está siendo remodelada y escarbada para buscar los antigüos diseños ortodoxos y se ha ido hallando en algunos rincones. Así, esta enorme iglesia muestra una combinación de estilos: mármoles hermosos de colores y pasajes de la biblia y de la virgen con venecianos dorados. Lo más impresionante es que aquí, por ser iglesia con otro fin inicial, su construcción es de dos plantas, con una galería que permitía tomar la misa desde arriba, para los que recién iniciaban, y desde allí hemos podido observar claramente a nuestros ojos y escala humana , hemos podido apreciar las medidas gigantescas de ésta y compararla con las otras mezquitas. Pareciera que el gigantismo barroco es la medida que se ha tomado para construir en esta ciudad.

Haghia Sophia es hermosa por fuera también, es monumental y está rodeada de árboles y grandes explanadas. Antigüamente había cerca de allí un






hipódromo, que hoy se ha sustituído por un hermoso parque 

viernes, 3 de enero de 2014

Istanbul - Mezquita Azul

Decía que me gustaría escribir una novela de Istanbul, algo que me lleve al misterio, a la duda del pensamiento islámico, a la cultura musulmana. Es una cultura que yo no comprendo. El pensar que se inmola uno al matarse por Alah. El matarse como hombre bomba en medio de una plaza, matando a otros cientos consigo, porque eso va a purificar al mundo. No lo comprendo, es como el nazismo, que pretendía aniquilar a los judíos por no ser puros. Otro punto es llevar a la mujer velada, ¿es para que no escandalice, o es porque no existe? Tal vez sólo sea una máquina de dar bebés para poder inmolar y por eso la llevan velada y minimizada. Es algo que tampoco comprendo. Vivir en un harem conviviendo con otra mujer que comparte la misma carne cada noche, tampoco. Me imagino la competencia entre las favoritas, quién tiene más trucos para ganarse el gusto del sultán. Cada noche inventar algo nuevo para que al día siguiente el la elija a una. El enojo de la rival por verse destronada y que sólamente le quede una noche para permanecer como favorita, o se irá a la fila de repuestos. El enojo de pasar a segundo término porque el sultán se ha cansado de mi. Tal vez no tenga que ver con su estado corporal, tal vez haya algún problema importante en el país y él quiera estar solo, la está rechazando a la mujer de turno, y eso seguramente la conflictúa. Son detalles que mi pensamiento occidental, no logran captar.

De esta forma, continuando con el tour por Istanbul llegamos a la mezquita azul. Se le llama así por tener en su interior mosaicos blancos pintados en azul, verde y detalles rosa. Son grabados, minúsculos que forman enredaderas que se van ensanchando hasta cubrir 5 cm, para volver a limitarse a una sencilla línea. Aparentemente no significan nada, pero dado el misterio de la cultura musulmana, asumo que esos grabados surgieron por su misma letra, los mismos gráficos que ellos escriben en su lenguaje escrito, los han impreso en las paredes de esta bella mezquita. Es algo hermoso, seguir con la vista la inmensidad y la grandeza de este trabajo. Éste se repite a lo largo de toda la mezquita, en paredes y techos. Son espacios ipresionantes. Entre cada pared, hay alguna columna de pata de elefante, con una circunferencia de 10 m. cuando menos. Es un espacio tan grande que es difícil calcular su medida, si el salón de fiestas de Dolmabahçe mide 200 metros cuadrados, ésto siendo mezquita y con ese tamaño de columnas, puede bien medir 400 metros. El techo es de doble cúpula.

Desde el atrio uno admira una hermosa cúpula redonda muy grande, que desde dentro pasa uno varios segundos siguiendo la línea hasta llegar al centro de ella. Como decía, el atrio es también enorme. Este es más fácil de medir porque es abierto, tiene en el centro un pequeño kiosko de unos 20 metros de circunferencia, donde están los lavaderos de pies, pueden bien albergar 10 hombres que deben purificarse antes de entrar descalzos en la mezquita. A los turistas nos permiten entrar descalzos con unas bolsitas en los pies. Llevar los zapatos en la mano porque no hay un espacio para colocarlos. Yo imaginaría que al estar los pies descalzos, este lugar olería muy mal, pero no es así, huele a incienso o a algún aroma arabe con sentido musulmán.

Ya que se ha uno acostumbrado a las enormes dimensiones de este lugar, se fija en los detallles, al lado izquierdo hay una especie de altar con columnas. Realmente mi curiosidad no fue tanta como para ir el viernes a observar una misa musulmana, no hubiera podido, siendo mujer hubiera debido quedarme tras las celosías. Las alfombras llevan unas líneas que en cierta distancia se rompen por  un tulipán, donde se coloca el hombre que va a hacer su ritual. El tulipán es una flor sagrada, aparentemente por su pronunciación. Es una lilácea y al pronunciarlo en árabe suena a lelah, algo así como Alah. Entonces, la alfombra rojo claro dibujada con líneas que alternan tulipanes en todo lo largo, puede albergar a miles de hombres allí dentro, con un espacio grande y suficiente para poder agacharse, hincarse y tomar la posición de alabanza. Las celosías, donde las mujeres deben colocarse, son estrechas, me las imagino hacinadas, como en una trinchera, haciendo los mismos movimientos pero pegadas unas con otras para poder caber en ese lugar pequeño.

Las torres no se aprecian desde dentro, sólamente en el atrio se miran las 6 torres, como palos largos, larguísimos que se van adelgazando, terminando con un  tope de acero que acaba en una sencilla aguja, una aguja que se introduce en el cielo, como una inyección que quisiera absorber aquello en lo que se desintegra y traer el cielo hasta la mezquita, inyectarle al cielo, y absorber de él la pureza que la mezquita requiere para alabar a Alah. Desde la distancia parecen hilos de agua que se desdibujan en el cielo. Es como una fuente redonda con sus chorros que suben y bajan y vuelven a subir, para tomar impulso y volver a subir. Es una imagen hermosa en la distancia, una fuente de cemento, rodeada de arboles y fuentes de agua, que se pierde en un hermoso
cielo azul cobalto, brillante, limpio. El cielo de Turquía es hermoso, azul claro.

jueves, 2 de enero de 2014

Istanbul - Horacio

Esa primera noche en Istanbul fue de lo mejor. Ese país te seduce, tiene ese encanto que hace que te sientas feliz, lleva el misterio de aquello que uno supone será maravilloso. Caminar por esa calle peatonal llena de jóvenes hombres y mujeres, la mayoría locales. Era jueves, y la calle estaba llenísima, yo pensaba que por ser jueves, los locales la usaban como día de paseo, pero no era así, también en martes estaba repleta de jóvenes. Istanbul tiene un alto porcentaje de su población en jóvenes menores a los 30 años y se nota en las calles.

La cultura está muy europeizada, yo esperaba ver mujeres de todas edades, veladas. Pero no. Las jóvenes, no llevan ningún velo, ni muestran sólo los ojos como se podría percibir en Irán,  o en otros países musulmanes. Vimos muchas mujeres iraníes de todas las edades, esas sí, con su Burka o como se llame la sotana que les cubre de cabeza  a pies. Pese a la gran influencia eurpea, los jóvenes turcos, se ven recatados y bien comportados, y parece que uno está en cualquier ciudad de Europa por la vestimenta que llevan.

Uno de nuestros compañeros de viaje, se llamaba Horacio. Él tiene esa simpatía, esa forma de hablar, que no importa lo que diga, seguramente parecerá una broma. "Mirá aquí le llaman Koafer. Mirá pero si es un coiffeur, solamente lo disfrazan para que parezca turco". Había que cruzar una calle donde confluían varias otras calles, había que pararse en medio de cada una permitiendo que pasaran los autos. Una vez que dominamos el cruce de esa calle, dice Horacio: "Mira ya somos turcos, ya cruzamos igual que ellos". Había uno como conventillo donde cada casa era un restaurante. Entre todos pagaban el alquiler y el show. Desde la primera noche que pasamos por enfrente de éste, entramos a investigar cómo era. Cada vez que pasábamos por enfrente, nos quedábamos un poco más de tiempo, cada día tomábamos una copa, otro día comíamos y así, la última noche que pasamos por allí, le he preguntado si no ibamos a pasar al lugar predilecto, se me quedó mirando y con la voz de quien tiene todo seguro, me respondió "no, ya soy socio". Tal vez al comentarlo no suene tan simpático, sin embargo en ese momento, no pude más que tirarme a reír. Ese hombre en verdad sabía mantenerme en estado de risa etílica.

Al siguiente día visitamos el Castillo de Dolmabahçe. Es un lujo grandioso el de este lugar. Los jardines bien cuidados, las rejas ya cerradas, pero entonces abiertas a la navegación por el Bósforo, cada rincón de este castillo tiene una ventana a este hermoso río cuyos colores cambian según la hora del día y el sol que le esté pegando. La guía nos describía con detalle el uso que se le daba a este castillo, eran las oficinas del sultán. Aquí recibía a los jefes de estado, y presidentes que tenían a bien visitarlo. Los salones son inmensos, con techos altísimos, la decoración repleta de oro y espejos, de cuadros valiosos y alfombras hermosas. En forma curiosa, observamos que los muebles no estaban desgastados, que las sillas eran muy pequeñas para el alto de la mesa, y, nos contaba la guía, que ellos usaban el suelo para sentarse, los muebles eran sólo pantalla para los visitantes. El castillo era sólo de hombres. Ninguna mujer podía pasar ni disfrutarlo, si acaso podía mirar a traves de las celosías, para que nadie las viera.

También pudimos conocer el Harém. Esta guía maravillosa nos describía con detalle las costumbres y organización de éste. La mujer más importante, era la madre del sultán, aquí no había papá sultán y el descendiente, todos morían para poder dejar el trono al heredero. La madre tenía pase directo a cualquier rincón, me parece que ella era la única que podía visitar el castillo. El harém era donde el sultán vivía y trabajaba, el castillo era sólo fachada. Aquí el sultán vivía con sus 10 concubinas. La madre las elegía y entre ellas, el sultán podía elegir a 4 favoritas. Éstas permanecían como favoritas, siempre y cuando, el sultán pasara con ellas durante 4 o 5 noches seguidas, si alguna ya no recibía ese privilegio, debía cambiarse de habitación. Las habitaciones eran grandes, cada una tenía 3 o 4 dormitorios y una sala, eran como pequeños apartamentos para la concubina y sus hijos. Entre ellas convivían en los lugares comunes, y los chicos se desarrollaban como hermanos en este grandísimo lugar. También la servidumbre tenía sus rangos. Las empleadas domésticas principales tenían una pequeña habitación, y las de menor rango, solamente una cama. Era aquello un hervidero de gente, 10 mujeres con todos sus hijos, 4 ó 5 por cada una, además la servidumbre superior y la menor. Todas ellas mujeres. Los hombres eran negros y eunucos, para que el sultán tuviera la supremacía sobre toda la población de su casa.

Esa noche Horacio, durante la cena, soñaba con ser un sultán y tener un harém. Ese restaurante tenía una decoración especialmente de sultanes, porque tenía pintados en las paredes hombres en ricos trajes, todos congregados, de una forma elegante y de importancia. Mirando las pinturas en las paredes, Horacio imaginaba . "¿Qué sería tener cuatro mujeres para mi solo?" Mientras su mirada vagaba en la distancia y su sonrisa mostraba placer y un poco de picardía, el representante de África contaba que su cultura les permitía tener las mujeres que pudieran mantener, que a veces el rey tenía conflictos porque no sabía con cuál de sus concubinas viajar, que seguramente ambas lo servían muy bien, y estando complacido con ellas, alguna vez tuvo que viajar con ambas, tras la incertidumbre y la indecisión de no querer herir los sentimientos de ninguna.

Así transcurrió la comida, cada representante contando la usanza de sus culturas y haciendo bromas sobre lo que las otras culturas apreciaban de ello. Una vez terminados, estábamos por levantarnos de  la mesa "falta tu mujer, Horacio" le dijo uno de la mesa "no importa, se puede quedar, aún tengo otras tres de reserva". Había sido una velada tan divertida y creativa. Nuevamente nos dirigimos a dormir cruzando calles "al estilo turco" como diría Horacio, percibiendo el aroma de los marrons que venden en los carritos en las calles, escuchando el llamado de las 10 de la noche, última llamada a rezar entre los musulmanes.

Ese sonido característico de la llamada, suena como un concierto de elefantes levantando sus trompas. Varias veces al día, cada cuatro horas se repetía esta faena, escuchar los elefantes durante 15 minutos balar con sus trompas al aire, para continuar con el silencio de una vida rutinaria de turistas.

Cuántas veces he intentado escribir una novela sobre Istanbul, sin suerte. No me puedo meter en esa cultura islámica tan diferente a la occidental, con costumbres opuestas completamente. El escritor Pierre Loti, quien viviera en Istanbul durante 20 años, escribió un pequeño libro de sólamente 100 hojas, en donde en algunas páginas da una ligera visión de la cultura, de la forma en que él se infiltró y de lo que el destino le tenía. Fue una mujer, la que lo dejó aparcado allí todo este tiempo. Él era militar y había tenido una asignación en Turquía, donde conoció a Aziyadé, una esclava hermosa que de alguna forma se cruzó por su camino. Como tenía dueño, ella por medio de un mensajero, le hizo saber que pronto llegaría a Istanbul, que allí la esperara, y ella le enviaría un mensaje. El hombre la esperó por meses, deseando que el llamado de sus superiores, no le hiciera moverse de Istanbul. El se hizo mercader como tantos otros turcos y aprendió a mezclarse con todos ellos. Una vez a la semana venía Aziyadé entre las sombras, para que al amanecer, sin todavía haber despuntado el sol, salir cautelosa para regresar al harem, a esperar otra larga semana que los acercara.

Intentando escribir una novela me pierdo, al igual que Pierre Loti, entre la confusión de culturas. Entre lo prohibido del islam y la cultura velada que seguramente estará bien controlada entre sus seguidores.


miércoles, 1 de enero de 2014

Istambul

Cada vez que inicia una semana y me doy cuenta que no he hecho mi labor, me lleno de espanto. ¿Cuánto tiempo puedo pasar organizando y dándome cuenta que no aterrizo nada de lo que he iniciado? Tengo muchas razones. No quiero más levantarme de madrugada, estoy agotada. Terminar el Mago, en que durante 15 días seguidos trabajé de 4 a 11 de la madrugada, y luego reiniciar el día normal para terminar a las 9 de la noche, me ha dejado con cero energía, cero ganas de levantarme, de escribir nada.

Por otro lado he estado realizando otras cosas que habían quedado pendientes. Me he dedicado a sacar las fotos sin acomodar de aquél viaje a Istanbul. Ha sido lindo recordar y refrescar todos los símbolos que han creado a Zafiro Azul, todos aquellos detalles que me han hecho terminar aquella obra de arte que soy ahora.

Recordaba aquel hombre en la calle de Ishmin Shiklal. Él tocaba un instrumento extraño, como una guitarra con muchas cuerdas. Debe ser uno típico de ese lugar del mundo. El cantaba y yo lo filmaba. Me agradaba su voz, me la iba absorbiendo por cada parte del cuerpo, mediante lo escuchaba cantando. Él al percatarse de mi presencia y mi  filmación, se puso a flirtear con los ojos, su entonación se hizo más dulce. Aquello iba hermoso, hasta que alguien vino a distraer mi atención, y se perdió el instante. El hombre terminó de cantar, yo ya no filmaba, sólamente me quedé  a escuchar el final de su melodía para continuar mi camino.

Aquella primera comida en las alturas, cerca del puerto. Todas las vueltas que dimos varias veces, buscando un nombre que pocos conocían, o que sabían quedaba cerca, pero no precisamente. Dimos vueltas y preguntábamos. Vimos una hermosa edificación, de la embajada de Holanda, que en ese momento tenía una fiesta. Todas las luces encendidas mostrando detalles de los acabados de la piedra, unos acabados que detallan símbolos importantes para los musulmanes. Otros lugares llenos de música y buen ambiente, pero ninguno se llamaba como el que buscábamos. En un último intento, a punto de darnos por vencidos, encontramos quien nos orientó correctamente y llegamos a nuestro destino . Era un hermoso lugar en un segundo piso: una terraza, con vista al puerto, donde un par de barcos estaban aparcados para pernoctar en Istambul. No recuerdo la comida, seguramente algo turco, lleno de especias, delicioso. Lo mejor era la compañía. Gente amigable, divertida, con historias curiosas y una cultura vasta, llena de experiencia y vivencias acumuladas.

Recordar la visita a las mezquitas. La mezquita azul, Haghia Sophia, y todas las discrepancias amainadas por Atatürk. Ese gobernante que hizo el cambio en Turquía, ése que la tornó de una ciudad antigüa y llena de pretenciones provocadas por las creencias religiosas, a una ciudad europea. Una ciudad que conservando sus tradiciones islámicas, podía comulgar perfectamente con la cultura del continente donde se encuentra emplazada.

Aquí debo dejar mi relato. Se termina la pila de mi descompuesto electrónico, todavía debo revisar los errores, y cuando la pila dice "se acabó" no hay plazos que alargar, hay que hacer lo que el aparato ordena. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Vacaciones a la orilla del mar

Amanecer en la playa puede ser muy emocionante, mirar el mar, disfrutar la brisa marina. Sin embargo un día no alcanza para disfrutar de la naturaleza y de llenar las propias expectativas. Por esa razón pensamos que dividir el día era mejor hay una expresión que dice "mármol" primero andas al mar y luego al mall, pero el sol y yo no somos amigos, de manera que en la mañana cuando el sol está muy fuerte, me voy al mall a las compras, a las actividades techadas, y en la tarde, al mar.

Me fascina mirar las puestas de sol, caminar en la playa mojando los pies y solamente un rato mirar el sol como se va. Mirar una puesta de sol, disfrutando la brisa marina, mirando el cielo como va haciendo figuras extrañas como va tornánddose de colores y como el sol se va despidiendo incluso me dice como será el día siguiente, si el sol forma un espectáculo en el cielo, hace colores muy arriba, es que hará frío, los atardeceres de invierno son algo especctacular maravillosos hermosos, quitan el aliento, pero el amanecer y el día termina siendo frío aun en la orila del mar. Los atardeceres que me encontré eran simples, sin grandes colores, el sol se mete y se va a dormir, entonces el día siguiente es caluroso y húmedo. Seguramente son solo teorías, pero son observaciones  que entretienen mi pensamiento y me hacen disfrutar de la naturaleza. Vacacionar a la orilla del mar es maravillloso, poorque uno puede nadar como si fuera una pileta, con la ventaja de que la orilla tardará mucho tiempo en  aparecer.

No todo son deportes en Miami, también tenemos shopping y eso me parece un poco extenuante. Yo me engancho tanto en esto que me olvido de almorzar, de todo. Pobre estómaago trabaja y trabaja y cuando me doy cuenta ya son las 4 y el pobre estómago debiera haber recibido algo hace unas dos horas, pero uno se engancha tanto con lo que va mirando, con lo que va buscando, sube al auto, va a un almaccén, a otro y cuando se da cuenta, el tiempo ha pasado y ya debe comer. Es una situación triste, tenner que dejar una novedad para ir a hacer una rutina. Me siento chica que no quiere entrar a la casa a comer porque afuera, con los chicos es mas placentero.

Finalmente no queda alterrnativa mas que atender al estómago y encontramos un Wendys. Al entrar me hizo recordar la película de Julia Roberts cuyo nombre no recuerdo. Esa en que ella es pobre, tiene muchos hijos y llega a una secretaría de aguas a pedir trabajo. Ella encuentra papeles donde se muestran  casos sin investigar y donde  la gente demanda por el estado del agua y les provoca que  mueran y se enfermen. Descubre que el agua está envenenada con algún desecho industrial y consigue que se indemnice a la gente. Así me sentí al entrar al Wendys: aroma a diesel y ambiente de Julia Roberts en esa película. Por lo menos la comida fue muy buena y mi estómago me lo agradecció aunque fuera aroma a diesel, lo pude atender.

Vacacionar es muy llindo, salir de la rutina y conocer gente nueva, lo es mas, pero sobre todo recargar las  baterías para la continuación de la vida rutinaria que eternamente sigue y sigue. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Los latinos en Miami

Cada vez que miro el cielo encuentro una linda mirada que me distrae, que me envía todo tipo de mensajes, que me hace ver que el mundo que me rodea me tiene atenta a todo aquello que reccibo. He estado rodeada de tanta gente amena y divertida, amable. No hay como los latinos en cualquier parte. Esa amabilidad tan característica, esa apertura definitivamente alegre, la sonrisa abierta. Cuantas influencias tiene aquí esa personalidad. La gente de otros países quiere comportarse como los latinos, quiere hablar español, quiere comer picante en alguna de sus formas y eso lo descubro fuera de casa. En mi casa veo que la gente es amaable, pero me impresiona mas cuando descubro que esa amabilidad también radica en la gente externa a mi casa y que admira la personalidad amable de los latinos... Cuando quieren divertirse y vivir sin complicaciones buscan la frontera o si están lejos de ella, buscan aquello que les traiga el relax con que vive el latino. 

Sin embargo yo prefiero un poco mas de seriedad. Cuando se trata de trabajar y de dar resultados, los sajones son mas responsables, hacen las cosas con calidadd y eficienccia, no se divierten tanto, o charlan tanto, no es tan ameno el trabajo, pero los resultados son mejores que entre latinos. Por eso Dios puso una muestra de cada uno en la tierra, para que los otros sean ejemplo de los unos y entre todos se enseñen. Sin embargo es triste cuando hay quien no quiere enseñar, quien no quiere mostrar lo que sabe porqque le ha costado mucho trabajo aprenderlo y no quiere que nadie le quite sus secretos,, no quiere compartir aquello que piensa le corresponde por derecho y si es menester compartirlo, sea con sangre y esfuerzo. Y me refiero a una receta de cocina, aunque yo haga la misma receta que el chef que me la ha dado, a mi me va a salir diferente, con otro sazón, va a saber diferente que la receta original, porque mi escencia prepara la comida con mi propio sazón. Por supuesto que hay gente ccelosa que piensa que su trabajo es exclusivo para el y que nadie mas puede hacerlo. Sin embargo,  pienso que esos son inseguros, sustentan su apariencia en su secreto, en aquello que nadie mas pueda hacer y ¿de que les sirve?, si yo no doy una receta o no enseño a quien lo necesita soy yo quien pierdo, porque en realidad la gente me va a conocer como huraño y el día que yo requiera  de alguien, recibiré la misma respuesta que he dado. El mundo da muchas vueltas.

Reccuerdo a mi amiga que tiene el don de hacer todo bien. Ella le llamo la Reina Midas porque todo lo que toca lo hace oro. Sus chicos están bien educados y son productivos, da cursos de cocina excelentes, sirve catering, da cursos de spinning, y cada cosa que hace, le sale maravillosa. Yo a ella le he pedido un favor, yo estaba muy apenada porque no sabia como pedirlo, pensaba pagarle, devolverle el favor no sabía como manejarlo. Cuando finalmente le he hablado,  me ha dicho, "no me pagues nada, te lo regalo". Esa mujer sabe aplicar sus dones, sabe compartir lo que tiene y recibe los frutos de todo aquello que siembra. Es tan noble que debe cuidar su propia existencia, pero sabe compartir sus dones que es lo que importa al mundo. De nada nos sirve una Reina Midas que se guarde todo lo que consigue, llegará el momento que no tenga espacio y será perjudicial para ella tener tanto. Cuando uno comparte aquello que le sobra, se hará rico de aquello que le falta. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Vacaciones en azul

No cabe duda que cuando las cosas son, cuando las actividades deben darse, todo fluye con facilidad. Finalmente llegué a Miami. Hace 2 años estoy deseando hacer este viaje y nunca se me había dado tan maravilloso. Recuerdo que en el viaaje anterior tuve que correr  a la agencia por un billete para que se me aplicara un descuento, luego no había hoteles a mi gusto, mi intuición veía todo sombrío, todo con malas vibras. Al final no fui y me quedé muy enojada, yo esperaba ver a mi Corazón y estaba segura que estaría, pero no fue posible. Así me quedé esperando otra oportunidad para que funcionara. Hoy me doy cuenta que acercarme tanta a mi Corazón era lo que me traería tan malas vibras.

Hoy todo ha fluido maravilloso, las decisiones que fui tomando para la gente invitada fue la correcta, porque tenía la duda sobre el comportamiento de una de ellas. Es una persona un poco temperamental que no sabe uno el estado de ánimo en que amanecerá, pese a que la quiero mucho, no la invité. Si invité a aquella con quien he viajado bien y contenta, quien siempre se adapta y quien hace y actúa igual que yo. Me da pena decir que no invité a aquella amena, que hace un cuento de cada escena, sus comentarios son divertidos y uno se ríe mucho con ella. No la invité porque hay muchos celos entre la otra invitada.  Puedo decir que soy muy adaptable, expongo mi punto, meto mi objetivo en el plan del día y termina haciendose lo que tenía programado, pero ellas  dos siempre tienen un punto en contra, las dos quieren pasar el día haciendo lo que ellas quieren y hay mucha tensión cuando alguna tiene que ceder en favor de la otra, lo que mete muy malas energías. De modo que así terminamos mi amiga y yo.

Nadie se opuso a mi viaje, pude irme el tiempo  que quise pese a que inicialmente no querían tantos días, pude viajar 1 semana en vez de los 4 días que siempre proponen. Esto no es un viaje de negocios,  para descansar y hacer shopping se requieren muuuuuuchos días.

El camino al aeropuerto fue buenísimo, el avion salio a tiempo, en migración no me detuvvieron como algunas veces. Recuerdo el último viaje que el avión salio 2 horas retrasado, llegando a EU me detuvieron en "el cuartito" y la fila para llegar con revisión fue de otras 2 horas. Sumando tiempo de vuelo llegué al aeropuerto a las 6 de la mañana y salí a EU libre a las 7 de la noche, fueron 12 horas para un vuelo de 6, ademas del cansancio y el desgaste de tanto percance. Para mi eso no es fluir, eso son obstáculos que no se para que pueden servir, porque no es que haya un aprendizaje de perder 12 horas. Es que las vacaciones tienen la intención de ser para descansar y estos menesteres de retraso no ayudan a tal propósito.

En fin que unas merecidas vacaciones empiezan con un buen principio. Las vacaciones para que realmente sean deberían ser escasas para que uno las valore, cuando uno tiene oportunidad de ir cada semana a París o a Nueva York a desayunar, se torna aburrido cualquier lugar. Se torna en una actividad tan rutinaria como ir al súpermercado en mi casa, ir al gimnasio o cualquier actividad que uno hace día a día. Yo creo que si no se tiene mucha plata para tener un avion privado que te transporte a donde vos desees y para comprar valijas y ropa si se pierde en el camino, lo mejor es disfrutar de una buena vacación mucho tiempo, una sola al año. Yo creo que uno atrae aquello que merece y yo ya merecía descansar, ir a donde quisiera sin necesidad de sufrir contratiempos y así ha sido. Gracias a Dios las cosas han ido en azul, en armonia y en placer. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Un pequeño pueblo

Hoy te extraño y he decidido irme contigo. Quiero irme a pasear a ese pequeño pueblito donde hoy vives. Quiero que caminemos y me muestres todos los rincones que ya has conocido, todos los espacios que ya ocupaste. quiero irme contigo y con quien sea necesario. Pasemos un rato divertido conociendo y caminando. Yo estoy lista. Ahora recien llego de la calle me miro en un espejo y me descubro bella y sutil, con el atuendo perfecto para caminar. Claro que no muy rápido ni muchas cuadras porque mis sandalias no son de largo trayecto. El resto del atuendo se me ve bien, y podria aguantar un paseíto por todas las callecitas y rinconcitos. Sabes? A veces me da frío y llevo una pashmina que me cubra el frío cuando estamos en la sombra. Quiero sentir el viento de las montañas que sutil llega hasta nosotros, el frío que templa el calor proveniente de esa pequeña y sencilla ciudad, que hoy tiene el gusto de albergarte. Quiero conocer de tu mano a toda la gente, charlar amenamente y conocer sus intereses. Me emociona poder serle útil con mi escasa experiencia a toda aquella gente que yo pueda visitar.

En fin estoy lista amor, estoy preparada para que me lleves y juntos pasemos un rato, un espacio en el tiempo de aquello que hoy me he decidido a hacer.


lunes, 19 de marzo de 2012

Castillos de Arena 2

Finalmente sábado llegué al mar. Era muy temprano, recien eran las 8 de la mañana, tenía una invitación a brunch a las 9.30. "¿Qué? ¿Ir a comer en vez de ver el mar? ¿En vez de disfrutar aquello que tanto anhelo ver desde ayer a esta misma hora? He esperado tantas horas que se me antoja demasiado ir a mirar el mar color pileta.

Recuerdo la última vez que estuve, estaba nublado pero muy soleado y el efecto de reflejo le quitaba la profundidad al cielo y al horizonte. Yo miraba a la gente que nadaba como si fuera una pileta enorme. El color del agua era azul caribe, verde claro un poco turquesa un azul hermosísimo que combinado con la arena blanca de Miami daba un cuadro muy especial.

Estaciono el auto, dejo la ropa sobrante y me quedo con el bañador y una remera encima, el viento es muy frío y no quiero enfermarme. Pago 1 hora de estacionamiento. Me acerco al mar.

El sol está muy fuerte, el viento frío y las nubes dan un espectáculo de cuadro impresionante, ese que no puedes dejar de ver, que miras tratando de entender para no olvidar cada detalle. Empiezo a caminar, guardo mis pertenencias en mi bolsa de playa me asustó un letrero "cuide sus pertenencias, no deje nada de valor en el auto". Realmente si deje muchas cosas, espero que Dios me lo cuide porque no he tenido cuidado de llevarme todos mis valores. Sin embargo, lo que llevo a la playa lo cargo, mientras camino.

La playa está hermosa, es a la altura de Hallandale Beach una playa muy nueva y bien cuidada. Voy caminando y miro el mar. mmmmm.  Ya me habían dicho que estaba muy picado, pero para mi gusto las olas no están mas altas que de costumbre, me acerco a la orilla, no porque la arena esté caliente, a las 9 de la mañana el sol no la ha calentado tanto, sino para probar la temperatura: está fría. No helada, no es de pingüinos, pero si ahuyenta. Mis pies se van acostumbrando a la temperatura. No camino donde hay olas, solo recibo la última relamida de ellas, no quiero que nada me distraiga de mi caminata, de mirar gente, de mirar las cosas que solo se disfrutan en esta playa.

Miro cañas clavadas en la arena, tengo que pasar cerca de ellas para no enredarme en el hilo. Miro los pescadores, todos abuelos muchos rusos. Algunos sentados esperando la presa, otros buscando carnada. Aquellos que buscan carnada llevan unas redes metálicas curiosas que meten a la última ola, y dentro de la arena, ella trae pequeños cangrejitos y moluscos rosados que encantan a las presas de los pescadores. Me llama la atención un pescador: un joven rubio como de unos 30 años, gran cuerpo. Lo admiro. Es extraño ver esos especímenes tan jóvenes, generalmente están tirados tomando el sol o volando en los parapentes. Sigo de largo.

Me encuentro también con algun buscador de oro, esos que llevan unos audífonos y un palo con un sensor, cuando escuchan algo, empiezan a escarbar con la mano libre. Nunca han encontrado nada, según me dijo alguno con quien alguna vez charlé. Seguramente anillos y valores que la gente porta en el mar y las olas al revolcar arrebata, pero dudo que hoy haya algo realmente valioso.

Observo que la arena está llena de corales y algas de diferentes colores: los hay de tubo, de palos, color café y verde oscuro. Solamente en esta playa los he visto, más adelante en Sunny Isles Beach no los había visto. Tal vez sea la época del mar en que echa estas muestras de seres a la playa.

Mas adelante veo la cosa mas hermosa: un castillo de arena. Me detengo a mirarlo. Tiene varias torres, bardas y patios, es una forma ovalada, las torres están cada una ubicada en un lugar diferente, no están enfrentadas, cada una recibe el agua, las olas y ayuda al castillo a permanecer. Lo veo decorado con corales y animales. El constructor: un papá con sus chicos de 2 y 3 años. El papá con esmero hace las torres, las bardas, los niños traen arena, agua, y corales muertos. El papá estéticamente acomoda cada cosa que los chicos traen, haciendo un verdadero palacio. No cuenta con herramientas maravillosas, no se ven palas ni cubetas tiradas por doquier. Tras un rato de mirar y admirar elogio al señor: "usted es un arquitecto", -"así es", me responde. ¿en verdad será arquitecto? Creo que es un buen lugar para diseñar casitas artísticas, detalles especiales que uno encuentra en los hermosos edificios llenos de departamentos que han venido haciendo en todo South Beach.

Lo más encantador es ver un bebé de 2 años o 1 persiguiendo olas. Haciendo la rutina que hace que sus neuronas recuerden cada cosa que va viviendo. Camina hacia el mar, se agacha a tomar el agua, se va la ola va a perseguirla y mamá va tras ella, la trae a la orilla ella se detiene a mirar el mar para reanudar la rutina: perseguir la ola, tomar el agua, correr hacia el mar, mamá irla a salvar detenerse a mirar y nuevamente el paso número uno. La cara de fastidio  y cansancio de la mamá indican que esa rutina la está cansando, pero finalmente ese es el trabajo que ella debe hacer en el mar.

Voy caminando y me percato en el reloj que es momento de regresar, quiero ir a buscar un asiento donde escribir antes de que el reloj del parquímetro se haya vencido.

Llego a unos camastros y me siento. Miro a un joven rubio que habla con la gente yo creo que ese es el vendedor. Me hago tonta mirando el mar. Necesito descansar. He caminado una hora y estoy cansada. El joven se me acerca: "estos son para rentar. 2 camastros con sombrilla y cojines por 10 dólares la hora o 30 todo el día" -"Pero yo ya me voy", le contesto "solamente necesito 10 minutos. No me gusta el sol sabes? No me gusta acostarme a tomarlo. No me bronceo, me pongo roja y luego a la blancura nuevamente". -"Oh, se de que me hablas mirame a mi, los muslos se me ponen rojos" - "pero mira tus brazos, están bronceados"le respondo tras observar su poco bronceado cuerpo. Tras esta breve charla, me dice "mira esto es un negocio, te lo rento por 2 dólares". Como no pienso pararme, los busco, pero no los llevo, y no le pago. Entonces se levanta y de despedida me dice "si decides cambiar de opinión me buscas, ok"?

Escribo unas líneas, descanso, respiro, miro el mar y .... el reloj. Solamente me quedan 10 minutos. Hora de irse. Miro el mar por última vez, siento la brisa fría que corre por el pasillo cubierto de palapas y me dirijo a mi auto. Aquí ya no hay mas que hacer.


sábado, 17 de marzo de 2012

Castillos de Arena

Hoy viaje a Miami. Esto ha sido una verdadera aventura, nunca imaginé que fuera a encontrarme tantos obstáculos para poder llegar a esta hermosa playa. Sali de mi casa a las 5 am y recién a las 7.30 pm pise tierra citadina, todo el resto fueron retrasos. Mi vuelo se retrasó 2 horas, bueno no hay problema unas horas menos está bien. La fila de migración 1 hora, "bueno, es normal hacer largas colas para acceder a este país ´capitalista´". Llevaba solamente 3 horas de retraso para un hermoso fin de semana, no era nada. Sin embargo, no contaba con el detalle de que me quedaría en migración no 1 sino 4 horas. En el momento de revisar mi pasaporte encontraron una incongruencia y me mandaron a un cuartito en una esquina, en donde guardan a los "outcasts", a los indeseables. Cuando me remitieron allí no lo podía creer, pero pensaba positivo "no hay problema, ¿cuanto tiempo puedo tardar? 15 o 20 minutos, está bien". Pasaban los minutos y no había movimiento. Empiezo a preguntar a mis vecinos::"llevo 2 horas esperando, llevo 4 horas. He venido muchas veces aquí y he descubierto que no llevan un control, hay quien entra y sale rápido pero hay quien está aquí horas". Eso no me gustaba. Yo tenía programado mirar el atardecer en la playa. Esa hora del día es maravillosa, aunque no recuerdo haber visto el sol ponerse en el mar, disfruto observando los colores del mar, mirar como van cambiando. Las olas empiezan a crecer, ya invaden más playa que las de la mañana, hace un calor agradable, se aguanta y se disfruta nadando en el mar.. No hace frío y tampoco hay un sol deslumbrante. Yo soy tan blanca, que el sol me irrita, por lo que no lo busco, es más, lo evito. Pues aquí estaba yo, en la salita de migración. Yo no quería ver la hora, no quería desesperarme al ver el reloj pasar y yo sin poder hacer nada. No permiten celulares, pda, ningún electrónico que pudiera invadir su privacidaad, dejar de manifiesto el mal estado de las instalaciones del aeropuerto de Miami, tal vez interferir con su anticuado equipo de cómputo. Solamente tienes permiso de hablar, leer libro o escribir un cuaderno, eso si se me permitió hacer. Pasaba el tiempo y miraba gente entrar, todos con cara compungida, preocupada, otros reclamando. Entre mis vecinos de pena pasó un español, que llevaba 2 horas y desconocía la causa de su detención. Había estudiado en Miami y regresado a visitar a sus amigos. Al poco rato se fue. Entró un hombre bien parecido con una mirada hermosa, que me recordó a mi Corazón. Podría haber sido gay por su miedo a enfrentarme, podría ser colombiano. Había un marroquí viviendo en Venezuela, de hermosos ojos azules y barba negra no muy tupida, ingeniero civil. Comparado con el de la mirada hermosa, este iba desscuidado sin grandes arreglos, pero se veía mas atractivo que el colombiano gay, quien se le notaba bien producido, cuidado los detalles de su vestimenta, afeitado, peinado. Yo platicaba con el marroquí quien me dijo que ya habían pasado dos horas desde mi ingreso. No se lo agradecí, yo quería quedarme con la duda del tiempo que llevaba detenida, no quería sumarselo a mis otras 3 horas de retraso. Charlando con él, el tiempo pasó mas rápido: "mi problema" me decía "es que mi visa está en mi pasaporte maarroquí y desde el 9/11 me tacharon de terrorista. Mi esposa viene en otro vuelo para no tener que pasarse las horas esperandome en migración. Luego saqueé mi pasaporte español, que bueno, aquí en EU no quieren a los europeos.... para terminar de darle interés a mi caso vivo en Venezuela hace mas de 25 años, allí tengo una empresa y saque mi pasaportte venezolano, de modo que se ha complicado mi estado, cada vez que vengo me traen al cuartito a investigar mi ´situación terrorista" Pasamos hablando mas de media hora cuando un oficial me entregó en mano mi visa "cuidela" -"¿y ya me puedo ir?" le pregunté ansiosa al ver que no traía mi pasaporte. "Espere un momento". Finalmente me llamaron. ¿Mi error? Al intentar sacar mi visa-waiver para un pasaporte europeo conteste mal una pregunta, en vez de poner "si" a la pregunta ¿se le ha negado una visa? Respondí "no" porque yo no recordaba esa visa que hacía años se había vencido y negado la renovación. Había mentido a los EU, lo peor que uno puede hacer en ese país. Yo no lo había hecho on mala intención, simplemente no recordaba ese evento, pequeño detalle que me ha venido deteniendo desde este trámite. Arreglado el caso, después de 4 horas en migración salí a mirar el cielo de Miami. Ya enojada, frustrada, pude comer con los amigos. Ahí pude olvidar las 12 horas que había durado el vuelo. Al despertar del sábado finalmentee: el mar....