jueves, 26 de marzo de 2015

LA TRAICION - FINAL

Bernardo molesto al escuchar la decisión de ella se queda pensativo.
-¿Estás segura que es lo mejor?
- És que temo mucho una relación desagradable, dormir con el enemigo no es lo más sano, me da miedo no hacer lo que me dice.
- Si es por miedo, podemos manejar que hay violencia
- Yo lo se pero ¿qué podemos hacer? Bernardo fue a su computadora y empezó a pedir una patrulla en el oficio.
- ¿Me lo dejas a mi?
- Que piensas hacer.
-Yo he visto cómo has venido mes con mes, cómo tiene esta querella tanto tiempo, porque tu no estás segura de tu decisión. Ya que te animaste a que se moviera, ahora hagamos que sufra.
- ¿Como? - pregunta Carlota abriendo los ojos con impresión.
- Quita la denuncia en un par de meses, cuando tu hayas logrado todos tus objetivos y cuando ya veas que él está cediendo.
- ¿Estás seguro? Yo vivo con él, y me va a hacer vivir un infierno.
Te ponemos una patrulla
 - Y qué  hago si su maltrato ahora es emocional.... Bueno, en esta semana ni siquiera  ha alzado la voz, tal vez  si haya cambiado.
- Tiene miedo, pero espera otra semana, ya verás cómo regresa a sus patrones. Aprovecha que ahora tu tienes el control de la situación. Él tiene miedo él tiene mucha incertidumbre porque fue un golpe bajo, Si ahora le quitas la denuncia, no va a sufrir, él tiene que sufrir lo mismo que tú.
- Entonces ¿Qué hago?
- No te presentes mañana, yo le digo que, porque todavía hay convivencia, lo que procede es comprobar que él efectivamente está cumpliendo con lo ofrecido.
- Pero él no quiere ir con una "pistola en la cabeza" - explica CArlota preocupada.
- El se lo ganó.
- Y yo ¿Qué gano? ¿Voy a aguantar  tantos meses de su mala onda? Tal vez no haya maltrato físico, o tal vez ni siquiera me dirija la palabra y tampoco haya uno emocional, pero ¿aguantaré?
Bernardo duda.
-Por favor, eres muy linda, hagamoslo sufrir
- tú no vas a estar en mi casa para cuidarme
 Bernardo duda nuevamente
- Es cierto, pero si la quitas tan rápidamente, vas a perder tiempo emocional. Yo te lo digo como amigo, ya no como abogado. Yo quiero que estés fuerte y si tú lo haces sufrir y le das largas, tú vas a recuperar el tiempo dedicado a esta querella porque vas a estar fuerte y controlando la situación. Si te desistes tan rápido, él queda limpio de cargos, y tu con el peso de sentir que lo has traicionado. Mira cómo te sientes ahora, haz que lo comparta contigo. Que de verdad se sienta traicionado para que te valore.
Carlota tragó saliva, su cara de sufrimiento y desesperación la hacían notarse presionada.
- ¿Cuánto tiempo tendremos que  extender esto?
- Te veo dudosa, tienes mucho miedo... tú dime, ¿1 mes?
- ya sé el tiempo que dure la terapia. - respondió Carlota decidida.
Los dos soltaron a reír,
- Mínimo 6 meses... ¿Voy a hacerme loca todo este tiempo?
- Tal vez lo aguantes, tal vez te acostumbres, y luego ya ni te mueva quitarla. hazlo sufrir. Bernardo la initaba con la actuación en la cara, ... pero Carlota dudaba
- Tu no sabes cómo tengo que pagar su sufrimiento. Yo tengo que vivir  sus reproches, sus castigos en su mirada, sus castigos por medio de los hijos, y es mi persona la que sufre. Me voy a poner fea y amargada, me van a salir arrugas y mi cara rozagante y feliz, ya no va a existir, porque él no sabe vivir en paz.
Bernardo meditó un momento.
- Divorciate. Ese hombre no te hace feliz. Si no puedes confiar en su apoyo, su buena voluntad, su confianza, yo que sé, todo lo que un marido te tiene que dar, ¿que haces junto a él?
- O sea, es retrasar desistirme o divorciarme.
- Así es, hazle presión. No soporto tu cara de duda y dolor. Veo en tu mirada la bondad que existe en ti, y la benevolencia que tienes para todos, ¿Por qué no haces algo más por ti?
- Va, me voy a arriesgar. Lo voy a hacer sufrir y me encantaría que tuviera otro problema judicial para que vieran que es un maldito agresivo.
- Mañana no te presentes, yo le doy la orden de que en 1 mes traiga un certificado de que esta cumpliendo con la terapia como corresponde. Con una carta del terapeuta que explique que está llevando la terapia correctamente, y está dando muestras de avance. Los voy a hacer dar vueltas, para que la pasen mal.
- Lo malo es que aquí es el abogado el que se presenta, él no tiene que pasar el tema de hacer la cola, y yo veo como todos los abogados entran y salen de las oficinas con gran libertad.
- Tienes razón, voy a solicitar en el oficio que se tiene que presentar él cada vez, y su abogado no pueda tener la influencia en mi de que yo lo deje antes que todos. No voy a cumplir las horas de las citas.
Carlota reía feliz. Parecía que las cosas saldrían perfectamente y que ella estaba bien representada.

La reacción de Eduardo no se dejó esperar.
- Tu me dijiste que te desistirías-
-Lo dije, pero no cuándo. Tu tienes que cumplir cabalmente como corresponde a un culpable. Para ti es bien cómodo ir por la vida convenciendo gente de buena voluntad, mientras tú maltratas y violentas la infancia de tus propios hijos. Eres un miserable.
Eduardo enojado iba día con día a su terapia enojado, maltratando a Carlota y gritando a los niños. Todo era un caos. Sin embargo ella le decía
-no tienes palabra verdad? No te está sirviendo el curso porque tu sigues enojado y molestando. Mirate. Eres un descontrolado. Escucha lo que me acabas de decir. Mira cómo les estás gritando a los niños. Crece.
Eduardo hacía un berrinche. Ella tenía razón.
-Ya me voy a portar bien, ya me voy a controlar, por favor quita ya la denuncia.
- No, tu todavía eres violento, no veo resultados.
Eduardo aplicaba su técnica de control, querría soltarse a llorar, ¿quién lo apoyaba a él?. Ella tenía familia, tenía papás. El sólo era un hombre huérfano, que debía mostrar la mejor cara a sus hermanos menores. ¿Cómo desahogarse con alguien? ¿A quien poder confiar su gran error y misterio?  Era un terrible infierno, saber que ella estaba apoyada y él solo con su infierno provocado.

Carlota lo vio sufriendo, ya no era el hombre fuerte, lo estaba destrozando. Ya no era el hombre poderoso, no tenía el apoyo de nadie. No tenía escape. No se sulfuraba, pero tampoco se movía. Cayó en cama.  Un pre-infarto lo tenía contenido en su tristeza. Ella ahora lo estaba destrozando a él. ¿Valía la pena? Los niños todavía no sabían nada, pero si el secreto se guardaba más tiempo, sería como el depósito de agua que se colma  y va soltando gotitas y chorritos de agua. Ella sería ahora la culpable de la muerte física del hombre, los niños se enterarían de la denuncia y la culparían de su muerte. Esa carga no estaba considerada, esa historia no venía en el proyecto de Bernardo, y ella viendo que su marido había quedado destrozado, fue a quitar la denuncia. Había quedado de él sólo un rastro de persona. Estaba deprimido, y sus pellejos colgaban tristemente de su viejo cuerpo. La sociedad, su esposa, todos le habían culpado su error. Había estado encarcelado en su propio infierno. Había aprendido la lección. Quien maltrata a un niño o a una mujer, es acusado por la sociedad, es dedeado como injusto y maldecido por todos.

El día había llegado. Carlota, con su abogado, Dios, y su marido y el abogado Mario Torreblanca, fueron al careo ante la justicia. Ella iba molesta, pero tranquila, el problema ya estaba en otros hombros, pero algo le molestaba, había un escozor que no comprendía.

Carlota anotó su nombre, una larga lista estaba antes que ella, conociendo el procedimiento, tendría que esperar todavía un rato. Ella procedió a sentarse y a observar. Ella esperaba un abogado viejo, con canas, uno con cara de malo. Se asomaba y no aparecía. Entre la gente que había entrado, un hombre joven se acercó al agente Bernardo que le correspondía a ella ver. Con enojo, ella y todas las de la fila, vieron cómo ese joven entraba y era atendido. ¡Qué infamia, siempre está el prepotente que sin pedir permiso, se mete a la fila! observo que mediante charlaba con el joven el agente la miraba constantemente.

Ella estaba nerviosa, no sabía de qué se trataba y por qué la miraba tanto, parecía como apremiado por el tiempo y el trabajo, como si fuera el momento de hablar con ella, y ese hombre y la fila delante, se lo impidieran. De pronto, salió el licenciado Bernardo de la oficina, miró la larga lista y explicó que estaban sólo dos personas atendiendo, que las demás abogadas no habían llegado a esa oficina, que por favor tuvieran paciencia
- Señores, yo tengo citas que atender y que había acordado previamente, esta gente tiene prioridad así como ustedes la tendrán cuando acordemos la cita con ustedes- y mirando a Carlota le pidió que pasara a su oficina. Ella extrañada se limitó  a decir, "pero, ¿el abogado?... ¿Es el señor?". A Carlota se le cayó la cara de la impresión, su marido, sólo había contratado a un jovencito para que lo representara. De manera que ese muchacho tan hábil, era quien había estando metiendo miedo e inventando procedimientos legales falsos, era ése el que le había inventado el juicio y los testigos. ¡Gran decepción! Carlota imaginaba estaría frente a un potentado hombre mayor, no un jovencito de escasos 45 años, con cara de buena gente. El jovencito imberbe se presentó
- Soy Mario Torreblanca, y estoy representando a su marido en este caso. - Carlota asintió evaluando su cara. Había otro abogado más joven aún que a ella le recordó al marido de una conocida. Eso la distrajo, recordar el nombre de esa persona y la relación que tendría con ese segundo joven abogado, la evadieron de la triste realidad.

El abogado, Bernardo, la sacó de sus pensamientos
- "El abogado Torreblanca me he explicado que el Señor Eduardo Conejero ha asistido a las terapias y ha cumplido cabalmente como correspondía la demanda - Carlota asintió informada. El abogado Torreblanca, inquirió rápidamente,
- Pero me parece que usted está dispuesta a desistir, ¿no es así?-  La estrategia perfecta, hacer una charla amena, simple, sin tensiones donde la charla fuera la estrella. El abogado llamó al marido Eduardo Conejero, ya se había resuelto todo, podría salir de su escondite, de su guarida de conejo, donde yacía escondido y temeroso. Lo vieron entrar alicaído, ojeroso, la felicidad que pudiera provocarle quitar esa demanda, no era suficiente para animarlo. Su mirada era tranquila, evaluadora, a juzgar por su apariencia, era un hombre tranquilo, amable, importante, con aquella imagen del hombre incapaz de agredir a nadie, Bernardo lo miró complacido, tenía la cara del sufrimiento, lo mismo que Carlota, quien finalmente se desisitiría. ¿Por qué ahora ella se desistía? Claro, había conseguido que él afrontara los problemas. Bernardo, el agente, seguía en su tren de trabajo,
- Voy a proceder a escribir el desistimiento y todo queda arreglado- su mirada era confusa, pero seria, "¿en verdad era lo correcto? ¿Cuánto tiempo o qué herramienta le quedaba a él para presionar? "Tras escribir un largo texto legal, y escuchar la insulsa charla que entre los implicados y el abogado, procedió a decir : "He recibido los certificados de la terapia del Señor Conejero, no veo ningún problema a cerrar esta demanda, pero sobre todo que sus hijos estén protegidos." Eduardo interesado en que su expediente quedara limpio, insistía
- ¿Ya no quedará rastro de esto?
- No, esto se va a casos resueltos y se termina el proceso - respondió el agente Bernardo con sequedad.

Carlota se sentía tranquila, había depositado  el dolor en quien correspondía, ya no tendría ella que cargar con el secreto de buscar formas de eludir la responsabilidad, ya no era cómplice de la agresión, y algo había castigado. Éduardo estaba tranquilo, no había prueba demostrada de su error, su expediente quedaba limpio, sin mancha, intachable.

La ley de Dios, el abogado de Carlota,  es el perdón, el vivir con la conciencia tranquila, el que cada uno de sus hijos vivan contentos, sin preocupaciones, duerman con el alma en paz, feliz. El objetivo de Dios es muy claro: vivir sin rencillas. Sin embargo ella necesitaba estar protegida. La forma en que ella se haría más fuerte y aprendería a no dejarse manipular, era viviendo con el enemigo y controlando la ira de él. Ella, vivió con una demanda en sus hombros, además sola, sin familia que la apoyara, ella sola sabiendo que su familia la había entregado a ese hombre, ya no tenía más alternativa que decidir lo que a ella más le convenía. Ella estaba sin familia, sin nadie que la acompañara. La única decisión era la mejor que ella tomara. Aquí no había consejos externos, tardíos, nadie vivía con ese marido, nadie sabía con precisión la problemática de ella, y tampoco nadie la asilaría. ¿ A dónde huir? La única familia que ella tenía eran sus hijos, los que ella tenía que proteger, que ella tenía que cuidar y hacer crecer, su marido y ella eran una nueva familia. Nadie más tenía derecho de opinar, sobre todo si nadie la apoyaba, si a cada grito de auxilio, sus seres queridos más cercanos, le daban la espalda, le daban argumentos razonados para convencerla de que ella estaba sola, que no podía contar con ellos. Ella, había pedido apoyo a sus padres, a sus hermanos, a sus tíos. Nadie estaba con ella, lo correcto, lo cultural era estar con su marido, hasta la muerte, no había salida posible o atajo opcional. La única salida para Carlota era desistir, llevar el dolor y encontrar una salida viable para ella.

Carlota triste, desconsolada, viviendo en el camino del dolor, día a día, encontraría la forma de reencontrarse con su felicidad, su paz; Carlota, que era la importante, que era quien debía sostener la fuerza emocional de los hijos, necesitaba de esa fuerza  y mantener una denuncia en su casa, le quitaría todo lo que ella necesitaba para ser feliz.

miércoles, 18 de marzo de 2015

HERIDAS DE INFANCIA - PREMONICIÓN 2

2. Herida de infancia - Premonición 2
La premonición de la bronquitis, era sólo el principio de un largo laberinto que me mostraba lo que ahora se me ha presentado. He tocado una herida de infancia, he llegado al fondo de un dolor que hace muchos años me persigue. Es un dolor tan intenso, que no lo puedo soportar. Todo el cuerpo se está descomponiendo: las muelas se rompen, el corazón se pone débil y los pulmones no encuentran cómo respirar.

Las heridas de infancia se llaman así porque durante la época infantil, el progenitor o algún ser cercano ha generado esa sensación en el infante. Son experiencias de dolor que se repiten en la edad adulta, que marcan y que no se quedan en el pasado, sino que generan ideas raíz, hábitos, formas de mirarnos y de mirar el mundo. El progenitor o  hermano castrante que provoca esta proyección de dolor se recrea en el jefe, la pareja o incluso amigos. En esta acción, interpreto que no me quieres, y en mis acciones, llevo a estos representantes de mis progenitores a que me abandonen, inconscientemente provoco para que recibir aquello que no quiero.

Las heridas son rechazo, abandono, humillación, traición, injusticia. Uno puede vivir una, dos o más y pueden manifestarse mezcladas en la edad adulta. Pese a que mi razón es el abandono, aquél que no cerré por mi edad infantil, se manifiesta con características del rechazo. Sin embargo, el abandono es lo que me persigue,  es lo que recibo y es lo que siembro y lo que obtengo en cada nueva relación. Al hacerla consciente y descubrirla me ha hecho caer en una inactividad completa.


He leído, que cuando llega el dolor de infancia, o uno muy fuerte, insoportable, el cerebro quiere recuperar esa felicidad que proporcionaban los endorfinas y xerotonina perdidas, las que dan la estabilidad. Entonces, el cuerpo busca ansiosamente en la comida recuperarlas. Los carbohidratos, proveen un placer inmediato, lo mismo que el chocolate. Entonces va la ansiedad dictando que uno coma chocolate y carbohidratos, tal vez una torta de chocolate sea lo mejor.  También está el alcohol y las drogas, que también hacen el papel de reponer las xerotoninas con velocidad y en apariencia. A veces el ejercicio y el cansancio hacen que la persona desahogue esa pérdida de felicidad, que a través del ejercicio, se busque recuperar lo perdido.

Sin embargo, no hay nada físico que el dolor cure. La persona puede comer y comer, para que al saciarse de carbohidratos, chocolates y alcohol, se encuentre gordo, lleno de grasa excesiva, con una resaca y un llanto que no consuelan, que sólo le hacen hundirse más. No hay xerotonina que se reponga con los carbohidratos, ni que halle en el desahogo del ejercicio. Si buscara recuperar esa felicidad en el ejercicio, puede desmayarse, porque el corazón y los pulmones debilitados por este dolor, no van a responder como normalmente lo harían.

Escucho mi cuerpo, y tras rechazar todos los estimulante de la xerotonina siento mi propia persona. Ese abandono es tan triste, la herida de infancia es tan profunda, tan vieja, tan escondida en los laberintos de mi cerebro, que la única forma de reponerlas es haciendo un ejercicio mental. Mentalmente, es cambiar  las ideas. Mentalmente es buscar el centro sano de uno mismo, es alegar a un poder superior, a un dios, que te puede consolar, a aquello que no requiere del uso del cuerpo que está dolido y no se calma cuando uno intenta usarlo. Es la calma mental, en que uno se relaje, y encontrando aquella parte que no ha sufrido, ponga toda esa tristeza en manos de Dios, la transforme en una rosa y la explote al universo, mientras uno se cierra en una burbuja dorada y rosada.

Un dolor de infancia lo transforma a uno, lo convierte en un ser que nadie quiere tener cerca. Me recuerda al villano de los box-trolls. Un hombre que queriendo departir como amigo del alcalde, perseguía a los aparentes enemigos del pueblo, los box-trolls; el premio sería comer queso. Sin embargo el hombre, cada vez que lo ingería, le hacía tanto daño, que se transformaba en un monstruo. Aquello que más anhelaba como placer, como poder, como consuelo, era precisamente lo que lo convertía en un ser detestable, un ser transformado e hinchado por el queso que le hacía daño.

Ese es el efecto que este dolor tiene en mi, si ingiero carbohidratos y alcohol, me inflo y  me transformo en un monstruo, que por más que busco apoyo en la gente, ésta se me aleja, porque ve en mi un ser horrible, deforme, enfermo por aquello mismo que le podría dar placer, que le da su felicidad: los carbohidratos.

Estando tocada por el abandono, transformada en un monstruo, evitada por todos los seres a quienes yo requiero y en quienes me apoyo, me encuentro aislada, encontrando en mi misma soledad, y en mi llanto, el consuelo que nadie me puede dar. Aislada en mi mente, buscando el abrazo divino, poco a poco intento sanar esa herida que hoy sangra, que hoy me genera ansiedad y deseos de huir, deseos de sacar ese dolor, sin sentido. Esa ansiedad voraz que me carcome sólo con mi paz mental, con mis propias herramientas, el tiempo y por qué no un pequeño relajante, me ayudaran a sanar. Termino descubriendo que la única forma de encontrar paz, es con la ayuda de un ansiolítico, uno que me ayude a ahorrar los pensamientos negros que me tiran al precipicio.

La premonición me mostraba confusión, algo turbio o semi-transparente Turbio es algo que se puede distinguir, sin poderse tocar o percibir, es sólo lo sugestivo o relativo que te da una idea llana y que lleva tu imaginación a volar, sin ser preciso o verdadero. Es sólo e tiempo lo que te da la respuesta.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Bronquitis - Premoción

esa historia es vieja, no me atreví a publicarla porque no le encontraba un sentido correcto. Las lecturas propias dan temor, y mejor guardarlas debajo de la alfombra para que no comprometan. Después vino lo que corresponde a una enfermedad así: El duelo. Cuando hay duelo, no hay claridad mental, todo es ver las cosas negras, es ver  que no tiene sentido lo que uno propone y que además no hay objetividad. Todo se ve feo, horrible, detrás del cristal del dolor, no hay aplauso personal, no hay felicidad hacia uno. Es mejor vivir el duelo sin moverse, para que no haya distracción ni influencia que haga que uno se evada y no se resuelva la herida.


Todo empezaba el 1 de diciembre, mi ansiedad me decía que algo en el futuro me preocuparía mucho. Era una sensación confusa, entre laberintos. Estaba por abrir la puerta del aseo, y de pronto me vino a la mente una imagen extraña, me faltaba el aire, abrí la puerta y entré a ese pasillo que desde la entrada se veía largo. Caminaba con seguridad, porque sabía que detrás de esa pared estaría mi destino. Tuve que detenerme porque no estaba a la vista lo que buscaba, había otro pasillo, y al cabo de éste había otro más. Parecía un baño barroco con alguna sorpresa al final del camino. Claro que al final de esos pasillos laberínticos llegué a mi destino, sin embargo algo no andaba bien, me miré en el espejo tratando de ver aquello que mi angustia me mostraba, mi cara era preocupada pero no había alguna razón especial para verme así, estaba a punto de entrar al cine, ¿sería acaso que aquella película, como muchas otras, me daría algún mensaje? Miré mi mano, se veía borrosa, pero luego regresó a su apariencia normal. Realmente, sentirse mal y observarse con tanto cuidado en un aseo, que generalmente no huele bien, no es lo más agradable, y entonces dejé mi preocupación, tal vez era sólo el principio de una historia que próximamente inventaría, y no había de que preocuparse. Me despedí de mi imagen en el espejo  para nuevamente salir por aquellos largo pasillos por donde había entrado, hasta la puerta que me conduciría a mi siguiente estación. El laberinto era premonitorio de un camino arduo y tortuoso que debería pasar. Yo hacía preguntas ¿cuándo sucede? ¿Quien es el actor? y mi respuesta era en Navidad y era yo la actriz.

Generalmente sucede que es muy fácil leer la vida de los demás, uno puede proyectar el problema de otro y así, ése que recibe la lectura, queda favorecido por demás, pero cuando se trata de uno, no hay manera de verlo, hay demasiadas imágenes que se contraponen, sentimientos que se niegan. En resumen, no hay objetividad cuando la lectura es para uno mismo.

Finalmente aquí me veo, hoy 16 de diciembre enferma de: Bronquitis? Pulmonía? Todavía no lo sé, no tengo antojo de ir al médico a que me diga que no tengo nada, que las placas no arrojan ningún resultado, o algún pretexto clásico de médico que teme dar su opinión personal. Según Louise Hay, las discusiones acaloradas causan problemas en los bronquios, y una gran tristeza y depresión, en los pulmones. Yo estoy teniendo ambos. La tos seca sin flemas y lágrimas en los ojos, el cero escurrimiento nasal, me indican que mi problema es más profundo que simple tristeza.

Mi problema se relaciona con mi vida diaria,  con los resultados que llevo cada día con mis proyectos. Uno es peor que el otro, resulta que he tenido que demandar a dos de mis empleados, y eso me ha provocado descompensación. Debo decir, si no se ha visto claro, que soy un ente emocional, que cualquier decisión tiene que pasar siempre por mi filtro de emociones, que mi lógica racional se cancela mucho cuando se trata de tomar decisiones importantes. Una vez tomada, me duele y tengo que vivir esa tristeza por aquello que era lo mejor. Tristemente, hay personas importantes en cada situación, y no es tan simple desecharlas como si fueran cosas, que también tienen su valor por el mismo servicio que han prestado.

domingo, 15 de febrero de 2015

50 SOMBRAS DE GREY

Hablando de Grey, he leído muchas críticas sobre este tema, dicen que es un libro mal escrito y una película por consiguiente mala. La película no se me antoja, siento que se enfocan en la cualidad sádica de Grey y no toman todo lo demás. En el libro, la personalidad sádica después cambia y ves que también tiene corazón. Durante el relato, te va mostrando un hombre sí herido, pero que desea dar placer completo a su víctima. Sabe tocar, sabe dar tiempo, sabe buscar lugares, para que antes de hacer sufrir a su víctima ella conozca lo que es el sexo placentero. Al enterarse que ella es virgen, no la maltrata y la vapulea como una sumisa, primero la trata como una princesa, y ella cuando es invitada al cuarto de juegos, encuentra el placer en los azotes, bueno, en las herramientas de placer, como las bolas en el vagina, los ganchos para pezones. Ella encuentra y define lo que realmente es placentero y en eso se concentra con el joven, ella tiene la alternativa de poner sus límites.

Dicen que es un libro mal escrito, pero para mí un libro que lees y te transporta al momento y al sentimiento, no está mal escrito. Si los adjetivos son parcos y repetitivos, son los adecuados para introducirte en el tema. Las mujeres que leen este libro, se turban, se calientan, y desean estar con ese hombre que sabe hacerlas excitarse.

Eso, para mí es un buen libro. el problema es que es una novela, y plasma las cosas perfectas, no se van al plano de la realidad.  Cada quien reacciona según sus recuerdos infantiles, y si encuentran en la vida real un hombre que las maltrate, no les va a provocar lo que a Ana. Esto al ser novela, pasa por alto la maldad del ser humano. Porque a lo largo de la novela, comprendes cómo el joven Grey se va enamorando de la sumisa, que se niega a serlo. Ella es una joven inteligente, con un cerebro que le funciona muy bien, y que no tuvo una infancia cruel. Ella le teme a los métodos que Grey le ofrece de placer, pero lo valioso aquí es ver cómo ella, con la comunicación y el cariño, torna a este hombre en alguien distinto. El amor en verdad triunfa, gracias a ella. El se desiste a lastimarla porque conoce el mundo de ella antes de él, y observa que ella antes de él era feliz, que su expresión era la de una mujer libre y encantadora; así el comprende que esa no es la forma de tratarla, que él quiere que ella sea tan feliz hoy, como lo era antes. Esa parte no creo que la tomen en la película. Si el libreto tiene que abordar solo 150 hojas, y el libro tiene 500, lógicamente sólo pueden abordar una ínfima parte de la personalidad de ambos. Por eso no se me antoja ver la película. Porque no va con mi personalidad. Porque el libro habla de personas que van cambiando y valorandose, mientras que un corto libreto, no da el tiempo para abordar todo lo que el ser humano puede proveer en el trato del día a día.

Si en los cortos, sólo ponen varias escenas de agresividad, es porque la mayoría de la película ocupa esta característica de la persona. En un corto libreto, no hay espacio para colocar la personalidad divertida que el libro te presenta de ella. Me encantan sus tres personalidades: la diosa que lleva dentro, que es una gimnasta que da volteretas de emoción y es su parte erótica, el subconsciente que le dicta lo que está bien y ella misma, la tonta enamorada, que lamenta que el único hombre que le ha fascinado sea un sádico. Ella explica de muchas formas, que le molesta, y lamenta que el amor tenga que ser así. Que el hombre que le fascina, la tenga que hacer sufrir para poder estar con él. Ella es una mujer inteligente que los sabe manipular, lo sabe enamorar, y al momento de que él la lastima, cuando en verdad conoce su peor oscuridad, es cuando ella decide irse, abandonarlo, le teme tanto a ese hombre que ella huye, recuperando su personalidad, y sufriendo indeciblemente por tener que dejar a ese hombre que tanto la ha enamorado. Dudo que la película exprese este personaje.

El mundo de hoy se ha convertido en un violento. La mercadotecnia vende violencia y sufrimiento, no una jovencita divertida que sabe manipular y enamorar a un hombre por sus cualidades y puntadas. Por eso no se me antoja ver esa película. Tal vez el hombre sea encantador y guapísimo, pero un hombre loco que sufre, es un tema tan común en tantas películas actuales, que tampoco me parece interesante para verlo.

Es verdad que hay que oponerse a la violencia femenina , que hay que cuidar que las mujeres sean valorados por sus cualidades , es verdad que no todas son brillantes como la literata de la novela, pero cada una, en su  estilo, tiene algo que aportar, algo que la hace maravillosa. Estoy de acuerdo con las críticas, el amor sádico no es bueno, y hay que cuidar el corazón del mundo, que lo llevan las mujeres.

miércoles, 11 de febrero de 2015

LA TRAICION. 9: CONFIANZA

El tiempo pasaba y el marido parecía salir nuevamente victorioso. El miedo la hacía actuar, ella no se atrevía a entregar el papel, los pretextos surgían solos "mejor se lo doy yo, la comandancia está muy lejos...pero entonces va a repetirse lo del centro familiar, y no va a asistir" dudaba la madre nuevamente. "Debo entregarlo a la policía, pero...." Ella estaba sola, nadie la apoyaba, nadie la acompañaba, no había un abogado, una amiga, un alguien que la hiciera fuerte, pero eso no importaba, era un tema familiar, meter a más gente, sería complicar las cosas.

Con el corazón dolorido, decidió acudir a una vieja amiga, no estaba bien que la involucrara, si el marido sabía que ella la había ayudado, le haría la ley del hielo, y la mala onda, como lo hacía con todos los amigos de ella, pero Carlota debía buscar un apoyo, sentir que alguien la acompañaba.

La amiga, Angela, al escuchar toda su versión le dijo "qué valiente eres, con el MP no se juega, ellos van a hacer que se presente a como dé lugar." Carlota tragó saliva, una bola que le cayó en el estómago del peso de unos cuantos kilos. "No vayas sola, yo te acompaño" replicó la amiga. "Tienes que decidir si estás preparada para llevarlo hasta las últimas consecuencias, aquí no hay el que me arrepiento, si entregas el papel, ya no hay marcha atrás, pero piensa, si vale la pena por tus hijos o por él. Amiga a él no le conviene semejante acusación, él necesita tener su nombre limpio, tu ganas más que él. Sigue adelante.. ¿Cuándo tienes la cita?" las palabras reconfortantes de la amiga, le dieron un respiro a Carlota, "el 15 de diciembre" respondió ella presta.  "Creo que es mal momento, te vas a pasar una pésima Navidad. Retrásalo hasta enero, ya pasaron las fiestas, ya será después de vacaciones, ya no hay de qué preocuparse". uff, qué respiro, tendría Carlota más tiempo para tomar fuerza, podría relajarse y ver las cosas más objetivas. Mientras tanto Carlota lo convencería a él de que pidiera ayuda psicológica, que Eduardo hiciera algo por su mejora personal, poniendo ejemplos sobre su forma de enojarse, su forma de maltratar a los niños. Sin embargo él, decía "no" como respuesta. Su temor era tal, que no tenía ninguna intención de afrontarlo. La respuesta fue una sulfuración instantánea ante cualquier problema con los niños. Ya no sólo era el hombre con el arma, con el látigo en casa, el hombre maldito que les decía ."te voy a pegar con la hebilla para que te duela", ahora esta misma escena se repetía en lugares públicos, ya era el sulfuramiento sentado en un restaurante, y desabrocharse la hebilla para que ellos vieran que iba en serio. La esposa, observaba con susto esta actitud, y se preguntaba si los atacaría en público, donde la gente lo pudiera ver. "¿En verdad se siente tan fuerte? Ojalá, así vendrá alguien, y lo atacará a él, habrá alguien que lo acuse y me salve el pellejo" pensaba la esposa asustada, esperando el momento de callarlo. Sin embargo él era muy listo, no podía hacerse tan público el maltrato para que su buena imagen se viera afectada. Tal vez, en este caso, el maltrato psicológico era el rey, dolía más su mirada castigadora, sus palabras hirientes que salían de esa boca azufrosa". Ella comprobaba, que no había vuelta de hoja él se sentía cada vez más fuerte, ese citatorio ignorado, aquél enviado por el centro familiar, y esa solicitud de pedir ayuda psicológica, estaban sacando lo peor de él.

Finalmente llegó el día, fueron las dos a meter la denuncia, la esposa con su amiga, Ángela  de esta forma había una cómplice, un apoyo. Los pequeños necesitaban de alguien que los ayudara, y ella, fungió como abogada, Angela  hizo el papel de apoyo y defensa para esa madre miedosa. Las alas iban tomando fuerza, las alas hacían que subiera un poco más, otro un escalón arriba.

Tocaron el timbre un domingo por la mañana, en la casa del matrimonio. "Es la policía" grito el mediano, Eduardo Conejero, rápidamente respondió a la puerta, un grito callado asaltó a la madre, "¿porque que tenían que notificarlo en domingo? ¿No podrían haberlo hecho entre semana?" El daño estaba hecho, la bola estaba en la cancha del contrincante, ella había hecho todo y había metido un golazo.

El hombre lívido, le echó los ojos de pistola, no podía hacer gran aspaviento, había que guardar las apariencias, sus hermanas estaban en la casa, y ellas no podían saber que él su propio y querido hermano, había sido demandado por su esposa. Tuvo que mantenerse sereno, y evitar cualquier seña que les mostrara a ellas el error en el que había caído. La sorpresa era lo peor. El nunca lo esperó, y eso fue la mejor daga.

Había pasado una semana, esa tarde la cortina había caído, fueron ambos, el matrimonio, al ministerio público, él había hablado con un abogado, quien encontró las palabras para asustarlo, había hallado en Eduardo, una presa indefensa con quien aseguraría una venta.

La noche anterior, Eduardo, el marido había llegado asustado con la esposa, el abogado había hecho muy bien su trabajo. "Mira ya me dijo el abogado, que esto es muy engorroso, hay un juicio de por medio, hay que pagar abogados, buscar testigos, es un tema muy largo, que no tengo deseos de afrontar. Te ofrezco tomar un curso de autocontrol, pero no con una "pistola en la cabeza" yo te pido tu confianza, te pido que te desistas, y te prometo tomar ese curso. Tienes razón, sobre que no está bien atacar a los niños, que yo me sulfure de esta forma." Su voz sonaba triste y arrepentida "no es bueno para mi salud estas explosiones de enojo que tengo."

Las palabras de él eran reales, tenían sentido, ¿Para qué malgastar el dinero en abogados y jueces? Era demasiado complicado, "mas vale un buen acuerdo que un mal divorcio" dice el dicho. Ella tenía que confiar, su abogado, que era Dios, no la abandonaría. El marido, Eduardo  había reaccionado como ella esperaba. ¿Qué sentido tenía el seguir alimentando a terceros que no tenían nada que hacer? Se durmieron, sin tocarse, ni mirarse. ¿Esto era real?

Esa misma tarde, un día antes de la cita del citatorio, Carlota lo vio llegar, triste lo miraba "Me siento triste contigo, yo confiaba, esperaba que la charla de anoche fuera real, suponía que honestamente me apoyarías, que confiarías en nuestro acuerdo y que iríamos juntos a hablar con el MP." Éduardo serio y acongojado la miraba con los brazos cruzados, la bola estaba en su territorio, y no sabía qué hacer con ella, él continuaba cometiendo errores "qué esperabas, no había quien me defendiera". Ella continuó haciendo caso omiso de su defensa "Con tristeza descubro que  todo fue astucia de experiencia contra ingenuidad. Yo confiaba en tu confianza, yo confiaba en tu palabra, pero tu no confías en la mía. Sólo yo debo confiar ciegamente, tú no. Sólo yo puedo decir si y creer lo que tú has dicho, pero tú no confías en mis palabras, ni en mis actos. Yo siempre debo acceder porque tus argumentos son más fuertes que los míos. Lo más triste es comprobar que en ti no hay confianza, que tú no confías ni crees ni eres capaz de cumplir un acuerdo." La mirada de ella era triste, deshecha. Eduardo, envalentonado se defendió "Es que tu no entiendes. Cuando íbamos entrando a la oficina del Ministerio Público, me habló el abogado, tú viste que yo anoche no le llamé, él casualmente me llamó y me dijo que me fuera de allí, que no sabía de qué se me acusaba, que me iban a preguntar, y yo no tendría quien me defendiera, me meterían en la cárcel, era muy peligrosa mi presencia allí" le dijo con cautela. "¿Ah, tu crees que yo te pondría una trampa? Tú me la pusiste, tu me obligaste con tus palabras convincentes, a desistirme, dijiste que me acompañarías, y como siempre me dejaste sola. En este caso era la fuerza del abogado, contra la mía, él confiaba en ser bastante suspicaz para asustarte y obligarte a contratar sus servicios, caíste con él." Carlota sonreía victoriosa sólo viendo el tipo miedoso con el que se había casado. Las alas de ella estaban fuertes, ya había visto la puerta del siguiente nivel, desde la parte superior de la escalinata. Dios era su abogado y le daba fortaleza, Eudardo en cambio, sólo mostraba sus debilidades y bajezas. "¡Qué poco hombre que prefería escudarse tras un abogado, que dar la cara y confiar en su esposa!". El abrió la boca "tú no sabes de leyes, y no sabías que pasaría, tal vez el abogado tenía razón". La esposa cerrando los ojos amenazadora le sacó de la duda "hablé con el agente y éste me dijo que esto no es de oficio que es una querella que se puede desistir en cualquier momento, aquí no hay perseguidos ni cárcel. Ese abogado sólo te vio la cara. Dijimos que hablaríamos con el agente del MP y yo quería que tú hablaras con él, que le dieras la cara, que comprendieras la importancia de comportarte como un padre, no como un animal; esa era toda mi intención.  En vez de confiar en lo que habíamos hablado tú y yo, caíste en la astucia del ambicioso abogado, y de su deseo de cobrar aunque fuera una asesoría." Su mirada azul se hacía cortante y la mirada oscura de él cerraba cualquier indicio de razón. Ella continuó "Yo contaba con que confiarías en mí, y por eso abiertamente, te relaté todo, para que vieras que no hay mayor intención, que el que nosotros  crezcamos, lo único que yo buscaba era unirnos como pareja; pero no, preferiste confiar en el ambicioso abogado, que en tu esposa. Me metiste la duda de los tribunales y el juez, de la incapacidad que tenía el licenciado del MP, por supuesto que por intervención del abogado. Preferiste confiar en él, preferiste demostrarme que una vez más 18 años de convivir, no han hecho mella en ti." Sus puños apretados miraban de frente al hombre triste.  "Me mostraste que aunque en tu infancia no te hayan maltratado, te hicieron desconfiado". Entonces él se defendió "Claro que nadie me ha lastimado, mis padres me querían muchísimo" dijo apretando los labios y moviendo la cabeza airoso." Ella hizo una mueca, "pero te hicieron desconfiado." repitió "A mi tampoco me maltrataron, y confío en la palabra de la gente, confío en que Dios mi padre, me va a proteger, y vivo feliz, sin culpas. Tu caíste con el abogado. Pudiste haberlo ahorrado si me hubieras acompañado hoy. Si hubieras confiado en mi, hubieras ahorrado cierto dinero, pero no prefieres que todos perdamos, a que Tú CONFÍES EN MI." lo dijo señalando, con la tristeza de una esposa que mira el abismo a un lado, como quien sabe que ha ofrecido algo que le ha costado mucho esfuerzo. Ha regalado el 10 al ofrecer que se desistiría. Sin embargo sabía que Dios la acompañaba, Él el mejor abogado que ella pudiera contratar, había hecho que Eduardo, el marido, se asustara, que saliera corriendo para que algo le costara el pagar el mal procedido.

Aquella mañana, un día antes de la cita ella había amanecido con flojera, no podía despertar, porque las cosas no serían lo fáciles que se las había mostrado él la noche anterior. A Eduardo, el recelo y el miedo a confrontar, lo presionaban a que ella diera la cara, y él quedara bien. Carlota recapitulaba los eventos de las últimas horas, recordaba la charla con el marido la noche anterior: "yo ya medité lo que me dijiste, es verdad que me sulfuro con facilidad, no soporto tu pasividad, y eso me violenta, pero si esto le está haciendo mal a todos, estoy dispuesto a cambiar. Ya investigué de un curso de autocontrol para ejecutivos, que voy a tomar, no me conviene a mi, ni a ustedes tampoco, que yo sea así. Me comprometo a cambiar, pero "no con una pistola en la cabeza" presionado por una demanda. Creo que podemos ir antes de la cita, a que te desistas.
- Está bien, dijo ella, mañana me acompañas y charlamos con el abogado del ministerio público. Eduardo, calmado y pausado, como quien ha resuelto un grave asunto, la miró, le dio un beso en el cuello y salió del cuarto. Ella se quedó sola, tenía frío, metida en su cama, dudaba, "¿así tan fácil se resuelve? Él no es así, él pelea más, hace más aspavientos, hace dramas, grita pega, y esto ya quedó simplemente?".

sábado, 7 de febrero de 2015

LA TRAICION. 8: SEGUNDO ROUND

Esta sería la última oportunidad. Ella sabía que él no le volvería a pegar, el padre era muy intuitivo y sabía que a partir de ahora, si lo intentaba nuevamente, las cosas se saldrían de control. Sin pensarlo, en este momento, el padre  lo golpeó, lo asesto varias veces y le gritó, "métete a bañar, niño desobediente. Quítate la camisa para que te duela más". La madre le "gritaba, no le pegues, te dije que lo convencieras, no que le pegaras". "Esa es la forma en que yo se educarlo, si no te gusta, no me pidas ayuda" le respondió insolente. "¿De qué sirvió tu agresión? No se metió a bañar". le respondió la madre molesta, apretando los labios. A la mañana siguiente, se llevó al niño como le explicara el abogado del centro familiar, a  meter la denuncia por maltrato infantil. Ella como siempre dudaba, ¿a quién sería leal? ¿A sus hijos? O ¿a su marido? Parecía que ella perdía  por ambos lados, parecía que iba como veleta al son que el viento soplara. ¿En dónde quedaba ella? ¿En dónde quedaba su vida como persona y su objetivo real que era el de crecer individualmente? ¿Qué beneficio recibiría ella al denunciar? ¿Qué ganaría ella?

Ella no se daba cuenta que cada vez que actuaba con miedo, lo hacía a él ganador. Muy en el fondo el papel de ella era ése, el de hacerlo siempre el ganador. Ella estaba en el mundo junto a él para que él fuera triunfador, pero el camino que ella estaba siguiendo era el equivocado. No era a través de su auto-flagelo, como él crecería. Ella no sabía que debía sentirse feliz, que su actitud debía ser firme, porque así todos ganarían. Ella con su miedo, lo hacía ganar a él, pero sólo la mitad de lo que le correspondía. Los hijos, sólo perdían, lo mismo que ella. En su actitud debía existir la fortaleza de quien sabe confrontar , de quien sabe emprender un programa con decisión y entereza. Esta era la oportunidad de que todos crecieran. Ella, con su miedo, sólo retrasaba el triunfo total de la familia. Ella en su duda, reprimía el deseo de todos de convivir felices y en armonía. Ella no lo sabía, lo sabía Dios, y lo sabían todas las pruebas que ella debía afrontar. Para ella, esta prueba se le aparecía como una escalera que sube sin un sentido porque al final, no tiene salida; sin embargo, casi al llegar al final de los escalones, se ve otra puerta, que desde abajo no se divisa, otra puerta que sólo se abre, una vez que se ha subido toda la escalinata. Ella con su miedo, subía y bajaba los escalones interminablemente. Subía hasta la mitad de ellos, y su miedo, la hacía regresar hasta la base. Su cautela era ridícula, pero para volar, las alas tienen que madurar, y ella no estaba preparada para esta faena. Su miedo, le estaba dando la fortaleza que ella necesitaba para subir de nivel. Parecía un trabajo sin sentido para ella, pero era algo que debía afrontar.

Ella, formando su poder, se presentó ante las autoridades "el papá del niño, le ha pegado con un cinturón". La persona que recibe la denuncia pide que la madre le explique lo ocurrido: "Bueno, este niño es muy rebelde, era la hora del baño, y no quería obedecer, no quería quitarse la ropa, ni prender la regadera, y permanecía parado frente al espejo, como una estatua. Yo le insistía y le insistía, y él nada. La lucha de órdenes y pasividad parecía interminable, y el padre oyó esta discusión. Finalmente, cuando el padre oyó la desidia del niño a obedecer, se acercó a él, y le pegó con el cinturón". La madre, no estaba presente, para defender al pequeño, pero era una trampa, ella debía provocar para volver a meter la denuncia y que ahora sí sintiera miedo el padre.

Fue con el médico legista, quien hizo la declaración correspondiente. El médico no dijo nada, sólo obsevó al niño, y le hizo preguntas : "¿quien te pegó?" "no sé" fue su respuesta "con qué te pegaron" tras una breve pausa, el pequeño discapacitado dijo  "es que mi papá con el cinturón, porque yo no me baño, es que no me gusta, y es que no quiero, y entonces él se enoja, y..." de pronto se quedó callado. El doctor esperaba más información pero, ya no abrió mas la boca el niño. "¿Tiene algún problema mental?" preguntó nuevamente "si, tiene inmadurez neuronal" explicó la madre. "Lo puedo revisar?" preguntó nuevamente el médico inclinándose hacia el niño. "Ya se le quitaron mucho las marcas, sólo le queda esta pequeña desgarradura" dijo la madre preocupada, pensando que eso no sería suficiente y se le negaría la denuncia. El médico procedió a mirar la espalda con detenimiento, y escribió el reporte. "Lesiones producidas por un cinturón" "Ahora debe ir al ministerio público, donde continúe la demanda." Ella dudosa, dejaba pasar el tiempo. Había escuchado que con el ministerio público no se juega, que una vez dentro una denuncia, sólo se termina hasta que se termina, lo que le metió nuevamente miedo, pero recordando su objetivo inicial, se envalentonó y obediente fue a buscar el lugar que le indicara el médico legista. Estaba lleno de gente, muchas mujeres con pequeños, una madre acompañada por su hija, a la cual su propio hijo había golpeado, otra su ex-marido la había golpeado en la calle. "Caramba, ¿en dónde estoy metida? Parece que no soy la única, cuánta gente con los mismos problemas que yo, o tal vez peores que los míos. ¿en verdad atenderán mi caso? ¿Será archivado como tantos que se ven en pilas?" Mientras esperaba su turno, miraba la oficina, pilas de documentos numerados, pilas que no sabía su destino o su origen. Estaban allí por alguna razón, sin saber si estaban siendo trabajados, o simplemente olvidados por la gran carga de trabajo que había.

El tiempo pasaba y nadie la atendía. Parecía una conflagración a favor del marido. Él siempre salía triunfador, y en esta espera parecía que él nuevamente ganaría, parecía superior a la paciencia de esta desesperada esposa. Sin embargo, no todo estaba declarado, al darse cuenta de ello, observó que una abogada importante, la directora del departamento, llegaba a la oficina. Una mujer de alrededor de 50 o 60 años, que con educación la invitó a pasar. Se observaba una mujer guapa, elegante, educada. Inteligente y audaz, que sabía moverse como pez en el agua, amable y educada preguntaba y anotaba, observaba la reacción de la madre, porque cabría la duda si era una simple querella de poderes entre marido y mujer. Observó la preocupación de la madre. Debía ayudarla, pero había tardado demasiado en meter la denuncia "¡pero esto tiene más de un mes! ¡Esto, ya no procede!" La madre preocupada, y helada en su asiento le explicó el asunto "el padre es mi marido, estamos casados, y tengo miedo que tome represalias contra mí. Tenía que armarme de valor." La abogada pensó, dudó, pero llevó adelante el caso, esto era un caso mal llevado, pero un caso de maltrato infantil que debía ser detenido. Una vez hecho el oficio, le dijo "lleve este papel a la policía, para que lo citen". A ella se le heló la sangre "yo tengo que entregarlo a quien? ¿no puede salir de aquí y ya?" Qué trámite tan engorroso, tan lento..

Ella leyó el papel, debían sellarle uno de recibido y entregar otro en mano del acusado. El nombre de ella aparecía como denunciante. Esto la puso a temblar, no era lo que ella quería, se suponía que debía ser anónima. "Licenciada, ya le expliqué que tengo miedo de que tome represalias, si él ve mi nombre, me va a ir muy mal" intentó preocupada la mujer evitar que su nombre apareciera en el documento. "Esto es por lesiones, señora, aquí no hay anonimato, en algún momento va a tener usted que presentarse para representar al menor, y sabrá que es usted quien demanda". Otro obstáculo más. Ella había tenido el valor de acusarlo, pero temía mucho comparecer ante un juez contra su prepotente marido.

viernes, 6 de febrero de 2015

LA TRAICION. 7: LA DENUNCIA

No había ningún deseo de parte de la madre de llegar a ese lugar. Estaba sí muy escondido, pero también, ella se perdía y se perdía. Pasaban las horas, y no llegaban a su destino. Sin embargo, la suerte estaba de su lado,  cuando finalmente encontró el camino y llegó a su destino, no había gente citada en el centro de atención familiar y ellos pasaban rápidamente con todos los especialistas que evaluaran el caso. El trabajador social estaba ahí. Él le explicó a cada uno de los entendidos del tema, que ella venía sin cita a buscar ayuda. Así pasaron con el médico legista. La madre, iba con desconfianza, triste, con mucha incertidumbre. ¿Qué tan eficiente sería eso? ¿Que tanta autoridad tendrían? ¿En verdad sería de ayuda? La doctora muy seria, la observaba. No parecía querer cooperar con ella, más bien parecía que era ella quien los lastimaba. Los revisó de uno en uno, los vio que de hecho tenían lastimadas en los brazos. "¿Qué es esto?" preguntó la doctora seria, al ver una herida en el codo "la madre con desinterés lo vio y dijo"ah, se cayó y lo curé". La doctora observando la actitud efectivamente despreocupada de la madre, observó que era verdad. " le recomiendo que no use violeta para curar, llega a esconder las infecciones"  la madre admirada abrió los ojos grandes "no se me había ocurrido. Es que a ellos les gusta porque no duele. siempre me piden "el moradito", por eso se los pongo".

Más tarde, pasaron con la psicóloga. La mujer, como de alrededor de 50 años, charló con la madre, pidió se le extendiera más los hechos y el motivo de la denuncia. Ella escuchaba, la denuncia ya estaba impresa en un papel cuando llegó la madre. Se le pidió que ella llenara el papel, y así cada especialista, lo iba alargando con su comentario. La psicóloga, observaba mientras preguntaba, veía a una mujer muy preocupada porque efectivamente los reportes del médico legista aparecían  con señales de violencia, sobre todo en el mediano. "Yo estoy casada", empezaba a decir la esposa " y lo que quiero es que no maltrate a mis hijos. Como pareja, no es lo máximo, pero no creo que un divorcio resuelva esto. Quiero intentar primero con una terapia." La psicóloga escuchaba y anotaba, observaba al pequeño que estaba en su oficina intentando llevarse todos los juguetes a la casa. Vio que era un chico con cierta discapacidad, necio, que no entendía la palabra "no". "Mi marido se desespera con estas respuestas infantiles y por eso le pega" La psicóloga asintió " no es razón suficiente para pegarle y lastimarlo. Voy a hablar con los otros niños, salga por favor" ups. Esto iba en serio, ¿Qué les preguntarían a los niños? ¿Por qué no la dejaban estar presente?  Esa era su única duda, porque fuera de eso, no le preocupaba qué pudieran responder los niños, ella no tenía nada que temer.  Al salir ellos, la volvió a llamar "señora efectivamente, a los hombrecitos se les nota ansiedad, quieren protegerla a usted, sobre todo el grande, está my preocupado de dejarla sola con su marido. La niña, parece no querer cambiar nada, parece que a ella no le va tan mal". "Efectivamente ella es más normal y siendo niña conquista a su papá", respondió la madre triste con este reporte, pobres niños, su misma proyección. ¿Sería que así trataba su padre al marido?.

Continuaron con el abogado, un hombre enérgico serio como de unos 60 años, todo un "perro rabioso". Tras leer el caso, dijo seriamente "señora usted ha levantado cargos en el ministerio público, por lesiones?" Ella abrió los ojos grandes "no, en absoluto" firmemente le dijo "es su obligación hacerlo, y continuar la denuncia hasta sus últimas consecuencias. De otra forma usted es cómplice" terminó de hablar el abogado con la dureza en los ojos. Oh no otra vez esa palabra, ella era cómplice por omisión. ¡Qué impotencia! Esto era serio, ¿Esto lo haría cambiar? Así se despidieron del trabajador social, y on cierta carga liberada, partieron de regreso a casa. El padre les preguntaba a los niños, a la madre a dónde habían ido,, pero nadie supo responder, y él se quedó con la duda.

Así le llegó la denuncia nuevamente al marido, en esta ocasión los citaban a ambos, ellos debían comparecer, y juntos presentarse ante las instancias familiares correspondientes. El marido al ver nuevamente el citatorio, dudó de su veracidad "¿Lo entregó la policía? No tiene sello." Buscaba salidas, sin encontrarlas. La esposa, asustada, insistía "vamos a ver de qué se trata" el hombre envalentonado le dijo "tu pusiste la denuncia, no fue ningún sirviente ni ningún enemigo, simplemente me quieres fregar. Estás muy interesada en que vaya". Ella al escuchar su respuesta, se asustó más, "¿Cómo lo sabe?" pensó. Ella deseaba que las autoridades hicieran algo, ejercieran alguna presión, pero no había juicio de por medio, no podía hacer nada para  presionarlo a ir. Parecía una querella familiar.

El marido no asistió. Ella tampoco. Pasaban los días, y la situación se recrudecía. El hombre parecía haber encontrado más fuerza de la esperada. Aquella denuncia y su falla en cumplirla, lo hacían sentir superior. ¿Quién podría contra él? Su actitud ahora era más severa. Ya se sulfuraba tras cualquier intento de molestia de los niños, cualquier ineficiencia de la esposa, era motivo para que, como león, brincara agresivamente, sabía que nadie podía nada contra él, si él no se presentaba, no había nadie que lo lastimara. La esposa, con tristeza e impotencia, observaba cómo todo iba peor de lo esperado. ¿Por qué las autoridades no insistían? ¿Qué necesidad de continuar este infierno? Ella seguía y seguía diciéndole que se calmara, que tomara una terapia, que respetara a los niños, sin éxito.  El día había llegado, finalmente parecía que se abría una nueva puerta. Él sacó el cinturón y atacó al mediano, para obligarlo a meterse a la regadera.