martes, 30 de junio de 2015

El 9 : el final del ciclo

En numerología el año personal es la suma del día y mes de nacimiento mas el año. Esto es  la suma de 2015 que da 8,
     mes
+ día
+ 8
___________
9
en mi caso la suma es 9.

Coninuando con los años personales de numerología finalmente llegamos al 9. El año que nadie quiere tener cerca ni encima. Nadie quiere finiquitar sus proyectos, nadie quiere confrontar la pérdida de lo que ya no tiene remedio. El año 9 termina con todo aquello que unos años atrás era importante. El 9 es el año de la limpieza. Cada cosa que ya no sirve, debe irse y se va solo, se va porque ya no tiene sentido continuarlo. ¿Buscar a esa amistad que hace años no ves? Para qué, ya no sos la misma persona ni ella tampoco, cada una creció en mundos y situaciones separados, por lo tanto, es momento de despedirla y olvidarla. Tal vez se vaya a los recuerdos a largo plazo, pero ya no es útil tenerla cerca porque ya no es significativa para tu propia vida. ¿Ese negocio al que estuviste dando tanto tiempo? También se acaba porque ya no hay energía que lo sustente. Se ve muy claro en la gente que no encuentra trabajo, su personalidad anterior ya no gusta, y debe soltarla, caer hasta el fondo del precipicio, para reinventarse en el año 1. Este año es de caer, y  de quedar varado viendo cómo encuentro otro camino que me de mi subsistencia.  Incluso una enfermedad. Tal vez este año se intensifique. Tantas pérdidas pueden hacer que el estado anímico lleve a complicar una pequeña dolencia que ha venido lastimando por años. Tal vez se termine esta enfermedad porque primero es la salud y  hay que atenderla ya que todo lo demás ya no está funcionando.

Todo esto que cuento arriba, me lo platicaron, pero en gran medida lo estoy viviendo, muchas cosas que eran importantes, ya se están esfumando por más que quiera retenerlas. No es que uno lo busque, simplemente se van, desaparecen solas, así como llegaron, así se van. Son las pruebas que lo hacen a uno mejor persona, pero yo, en verdad dudo si quiera ser mejor persona, duele mucho sufrir las pérdidas, aceptar que aquello que era un negocio aparentemente bueno, ya haya que reinventarlo, porque no fluye por sí solo. Ni hablar del cansancio. La tristeza que me ha perseguido tantos años, me tiene en el piso. Me he convertido en la  bella durmiente, porque quiero dormir todo el día, y con una palanca, con una manivela que mueve un engrane, me tengo que mover, es la voluntad, quien me ha hecho moverme cada día. Si yo no tuviera voluntad, estaría durmiendo en este momento, pero desgraciada o afortunadamente, aprendí que durmiendo no puedo vivir, que mis órganos con 8 horas de descanso tienen suficiente, y si lo quiero seguir haciendo es porque hay otro motivo que me impulsa a hacerlo. Este año 9 empezó a soslayarse en enero, pero siempre después de que empieza el segundo semestre, se reafirma con seguridad y como carrito de feria, lo lleva a uno por vueltas y bajadas. Se que hay mucha gente que está viviendo lo mismo que yo, o que ya lo pasó y que ahora se ríe al comprobar que por lo menos hay alguien que está pasando por lo mismo y se siente aludido. Lo que más me impresiona es que cuando uno vive en conciencia, todo lo que se dice y que se ha estudiado como teoría, se vaya cumpliendo en uno mismo. Par mi buena suerte, mis años personales no inician el día de mi cumpleaños, sino el primer día del año, y sólo me quedan 6 meses de sufrimiento y de pérdida. 

jueves, 11 de junio de 2015

5. FRUCTIFICAR - PRECOGNCION


Antes de continuar me disculpo por el error de significado, premonición significa, adivinar en sueños y precognición es adivinar despierto. ESta historia la descifré despierta. 

Ya son 4 meses de esa precognición y todavía la inacción me domina. Me siento más tranquila, pero no comprendo por qué estoy tan cansada, sigo sin poder despertar en las madrugadas. Prefiero quedarme horas durmiendo y no me despierto en el tiempo de siempre. Es como si todavía mi dolor me acompañara. Está siendo fructífero, estoy escribiendo sobre el desarrollo del dolor, pero seguramente en el fondo, todavía tengo algo que lamentar. La aceptación es la que puede hacerte perder, porque nuevamente quieres recuperar la felicidad y aceptarse es encontrarse en guiñapos, es descubrirse en la peor de las fachas, y vivir con esa vergüenza.  Ya no es el llorar y sufrir, ya no es querer escapar, es el sentirse bien, pero descubrir el cuerpo herido. Es verse con nuevos ojos, querer cambiar, sin encontrar el  ánimo para hacerlo, verse con "ropa sucia" pero sin ánimos de lavarla, o de comprar nueva. Es todavía el cansancio para no levantarse temprano, antes que el sol, y en otras ocasiones, tener el insomnio de las 2 de la madrugada, esa hora necesaria para descansar e indispensable para sentirse relajada y eficiente en las horas de vigía. Imposible intentar trabajar a esa hora de la madrugada, todavía el cuerpo requiere descanso, y el subconsciente ya empieza a dar vueltas mostrando que no ha resuelto todo, que todavía algo le preocupa y no puede resolverlo. Es necesario escuchar al cuerpo. No precipitarse a la rutina. Sanar la herida tan profunda para saberla  manejar cuando se vuelva a presentar. Descubrir cómo es para no evadirla pero también para no buscarla intensamente y regresar a mis patrones acostumbrados. Sucede que inconscientemente preferimos vivir en lo conocido aunque nos haga sufrir, que buscar algo nuevo y desconocido. Descansar el dolor, descansar la pena, descansar todo aquello que hoy sufre y me ha hecho sufrir esta herida constantemente toda la vida.  Pasar a otro tema, pasar a otro estado que me ayude a resolver esto que cargo, esto que día y noche me aqueja, y que hasta hoy he tenido las herramientas para resolverlo.

Esa mañana Juan miró aquél árbol, cuán grande y hermoso era. Él lo conocía desde pequeño, lo vió crecer, cómo se molestaba cuando le cortaba el jardinero una rama. El árbol tenía ramas gruesas, que se fueron engrosando mediante él crecía; esas ramas, lo aguantaban y él disfrutaba trepandolo. Aquella mañana, miró que se disponía a po-dar el árbol "qué va a hacer con esa sierra?" "le voy a cortar esa gran rama" contestó el jardinero. -¿Por qué corta esa rama? esa es la que usa mi hermana para subirse. ¿Po-dría mejor cortar la de arriba? Esa la necesita ella, porque es pequeña.  El jardinero mi-ró a Juan, "es que si no la corto, va a perder fuerza arriba, y necesitamos que le salgan frutos no ramas." Juan insistió "Pero es que mi hermana necesita esa rama, no quere-mos frutos, porque son muy feos." Juan recordaba esos horribles duraznos medio po-dridos y con un sabor amargo. Esos duraznos no merecían la pena de  sobrevivir, pero sí la rama de su hermana.  "Este año guardaremos la rama para tu hermana, le corta-remos las puntas y las ramas delgadas, para que tenga fuerza en el centro, pero el año próximo, sí cortaremos la rama de tu hermana, tu le das la tuya y te subes una más arriba". Juan recordaba esta historia mirando la rama que nunca cortaron. Los duraznos eran tan feos, que siguieron cortando las varas delgadas, las puntas largas. Ingenua-mente querían que esos duraznos fueran dulces y sabrosos, el jardinero esperaba que con esta acción, el árbol diera los frutos correctos.

De la misma forma me ha sucedido a mi, todas las ramitas que me han cortado y que me duelen, me han servido para poder brindar una idea a alguien que pase por esto ahora, que haya descubierto, al igual que yo, un rato de tristeza y desasosiego. Un momento de gran dolor, que no encuentra el sentido y quiere salir, pero no puede, porque no sabe.


Esa mañana Juan miró aquél árbol, cuán grande y hermoso era. Él lo conocía desde pequeño, lo vió crecer, cómo se molestaba cuando le cortaba el jardinero una rama. El árbol tenía ramas gruesas, que se fueron engrosando mediante él crecía; esas ramas, lo aguantaban y él disfrutaba trepandolo. Aquella mañana, miró que se disponía a po-dar el árbol "qué va a hacer con esa sierra?" "le voy a cortar esa gran rama" contestó el jardinero. -¿Por qué corta esa rama? esa es la que usa mi hermana para subirse. ¿Po-dría mejor cortar la de arriba? Esa la necesita ella, porque es pequeña.  El jardinero mi-ró a Juan, "es que si no la corto, va a perder fuerza arriba, y necesitamos que le salgan frutos no ramas." Juan insistió "Pero es que mi hermana necesita esa rama, no quere-mos frutos, porque son muy feos." Juan recordaba esos horribles duraznos medio po-dridos y con un sabor amargo. Esos duraznos no merecían la pena de  sobrevivir, pero sí la rama de su hermana.  "Este año guardaremos la rama para tu hermana, le corta-remos las puntas y las ramas delgadas, para que tenga fuerza en el centro, pero el año próximo, sí cortaremos la rama de tu hermana, tu le das la tuya y te subes una más ar-riba". Juan recordaba esta historia mirando la rama que nunca cortaron. Los duraznos eran tan feos, que siguieron cortando las varas delgadas, las puntas largas. Ingenua-mente querían que esos duraznos fueran dulces y sabrosos, el jardinero esperaba que con esta acción, el árbol diera los frutos correctos.

De la misma forma me ha sucedido a mi, todas las ramitas que me han cortado y que me duelen, me han servido para poder brindar una idea a alguien que pase por esto ahora, que haya descubierto, al igual que yo, un rato de tristeza y desasosiego. Un momento de gran dolor, que no encuentra el sentido y quiere salir, pero no puede, porque no sabe. Sin embargo, los duraznos siguen siendo ácidos. 

martes, 2 de junio de 2015

¿PARA QUE SIRVE LA GUERRA?


¿Para qué sirve la guerra?

Miraba en la TV una película antigua, tal vez era Pearl Harbor o una de esas que enfrentan a Japón con Estados Unidos. Es un barco japonés que va en altamar buscando atacar barcos enemigos. Los representan como personas superficiales, muy estudiosos, concentrados en acabar con los americanos. Aquí pasan a los tripulantes de la nave japonesa estudiando y conociendo la apariencia de los buques americanos, jugaban a tiro al blanco, a memoria, todos los juegos que los hicieran ensañarse contra los "pobrecitos" americanos.

Los tripulantes del barco son de todas edades algunos jóvenes, otros mayores, otros generales, otros ingenuos y lentos de aprendizaje. En cierto modo me despertaron lástima, sobre todo los jovencitos que animadamente jugaban a matar los barcos americanos. Uno de ellos se había equivocado hasta para reconocer su propio buque, y ese iletrado también estaba peleando por su país.

No importa la nacionalidad, tampoco si son amigos o enemigos, todos  viven la misma situación y son carne de cañón. Todos son despedidos por sus familias, todos dejan una madre y una novia o una familia. En cada país dejan desolación, sin importar la cultura, ellos son especiales para sus seres queridos. Todos sufren por igual, desde su trinchera, todos viven el stress de no saber si es su última batalla. Todo el mundo sufre por causa de la guerra y no lleva ninguna ganancia sólo pérdidas y sufrimiento humanos.

"No tiene sentido la guerra", yo pensaba, "no sirve más que para que los generales se llenen de gloria y los jóvenes soldados, los sardos, ellos sean quien muera, que sean la carne del cañón que es lanzado una y otra vez." No tiene sentido en el punto de vista de sentimientos. Yo me salí de el cuarto donde estaba pasando la película, no me gustan las películas de guerra.

Sin embargo, ya en mi soledad, y cavilaciones me vino a la mente la tan trillada frase "los problemas son oportunidades". Recordé todo lo que ha cambiado el mundo desde la 2a. guerra Mundial. La guerra da avances tecnológicos: en la primera guerra, se inventó el telégrafo, en la segunda se mejoró la aviación, se aprendieron a usar acero para armamento, que después se usaba para hacer otro utensilio. Me vino a la mente la película de "Código Enigma".

En esta película empiezan reclutando jóvenes para una misión secreta, el objetivo que deben seguir es que sean veloces resolviendo crucigramas. Cuando han seleccionado a los 6 finalistas, los reúnen y les explican su trabajo: Tienen que adivinar dónde será el bombardeo de cada día. Los generales  y mentes brillantes de la guerra, saben que a través del teléfono, durante el día, se envían códigos, y su trabajo es descifrar cada uno de ellos para determinar si tiene sentido y se aplica a los bombardeos.

Uno de ellos, Alan Touring viene con la idea de inventar una máquina descifradora de códigos. Mientras los otros hacen sus desciframientos, él, hace cálculos y mediciones para armar su máquina. Les pide los códigos del día anterior y de las semanas precedentes para determinar un patrón. Una vez que calculó suficiente, empieza a armarla en el taller contiguo a la oficina donde todos trabajan. Él les cuenta su teoría, que esta máquina, podría trabajar más rápido que el cerebro humano siempre y cuando le introduzcan la información. Todos lo ignoran, el loco egoísta que no les ayuda a ellos, no puede recibir su apoyo.

Los generales evalúan el trabajo de los jóvenes, y se dan cuenta que no sirve su esfuerzo, por lo que les ponen un ultimátum: tienen un mes para demostrar que son buenos para descifrar, si no contratarán a otros o cambiarán el método. Es entonces cuando todos apoyan a Touring con su máquina. Deciden que ésa es la última alternativa, porque su trabajo esta comprobando ser inútil. Cada día después de descifrar códigos por horas, no les sirven, los desechan, y al día siguiente nuevamente a empezar. No encuentran algo, un indicio como poner a operar la máquina.

Una noche en el bar, después de trabajar, una de las del equipo, se encuentra a su amiga, que es telefonista. Ella le cuenta de su trabajo y le dice que es divertido porque hay mensajes especiales cada día. Uno de ellos se refiere a uno que le manda saludos  a alguna telefonista, piensa que es su enamorado y que le envía algún saludo en clave. Ella, la del equipo de Touring los llama a todos para que escuchen la historia de la chica. La telefonista, les cuenta que todos los días a las 6 de la mañana, uno dice Heil Hitler y da unos números o ciertas palabras. Todos entienden que esa es la señal. Debieron salirse de su entorno, charlar con la gente, permitir a otros entrar a su círculo, para que les diera una idea.

Todos emocionados corren a la base, burlan la vigilancia y entran a trabajar. Esa noche descubren que los bombardeos fueron anunciados en esa clave a las 6 de la mañana. De esta forma, alimentan el descifrador de Touring y  las cosas se facilitan de allí en adelante. En la madrugada le avisan al general la ciudad que podría ser bombardeada, siguiendo los cálculos y orientación de los días anteriores. Gracias a la máquina, pueden adelantarse a los bombardeos, y estar preparados para atacar, terminando así la guerra.

Fue entonces cuando debí cambiar mi pensamiento. Estos jóvenes no mueren sin sentido, por la única  ganancia de algunos grupos de poder. Aparentemente así, es, la guerra es para beneficiar el nombre de algunos políticos, de algunos militares, pero en verdad, son héroes de guerra que mueren por la causa de un avance tecnológico. Ellos mueren  para que otros vivan. Así es el ciclo de la vida.No son sólo las plantas que mueren para beneficiar a sus especies; por la guerra, mueren los humanos para que otros reciban algún beneficio. Yo sé que es cruel, por eso mismo no me gusta nada que tenga que ver con esa actividad, pero si uno ve el panorama completo, no todo es pérdida, hemos tenido ganancia a largo plazo.

Nuestra obligación es la de agradecer a todos estos caídos. De alguna forma ayudar a sus familias, hacernos más sensibles hacia el penar ajeno, porque no sabemos por lo que están pasando. Gracias a ellos, nosotros tenemos avances y creo que la mejor forma de vernos beneficiados, es no comprando más tecnología, sino humanizándonos con los que viven la guerra, o con los fugitivos y extranjeros que por alguna razón están cerca de nosotros. 

martes, 19 de mayo de 2015

LA ESCALERA

Siento mi cuerpo calmado, muy budista. Me he encontrado con gente espiritual extraña. No es el que se queda defendiendo lo conocido, es quien busca lo  esotérico y novedoso, es quien busca respuestas a su propia vida. Es la indagación de quien busca una personalidad y una forma de ser, una forma de vida. Es quien busca crecer diferente, que al igual que yo, considera que lo conocido ya está muy manchado, muy caminado y no le da sentido.  Sin embargo me duele el estómago, me cae mal la situación de que cada quien siga su camino, sin aportar al bien común. No sé cómo explicarlo, es como que todos fueran protestantes, rebeldes, cada quien sigue su propia religión y forma de pensar, sin evaluar si sirve para el bien común. Hay un egoísmo exagerado, que se queda en quien sólo ve el presente, no el futuro ni el beneficio de todos . Todos estamos bien, pero el sustento es la meditación oriental, la naturaleza que lleva a un estado mental pacífico y agradable, una naturaleza que ya no existe. Cuando esa naturaleza estaba gratuita, nadie la apreciaba, pero hoy que ya no hay libre porque los terrenos tienen un alto costo y un  alto precio, donde los árboles no aportan dinero para los inversionistas, es cuando todos buscan la naturaleza insaciablemente. Todos quieren la comodidad de  un piso barato, cómodo, pero además tener a la mano una naturaleza para meditar. Es como quien buscara lo difícil. Lo que existía gratis, no gusta, ahora que no hay, todos buscan eso, porque es lo especial. No hay un conformismo y aceptación, adaptación, lo que cuenta es buscar lo difícil. Creo que  he cambiado de escalafón. Estoy encontrando la nueva puerta que me lleva a mi nuevo destino. Una planta, una flor, una simple brisa en un rincón del mundo, me puede proveer aquello que necesito, aquello que me hace mejor persona. No estoy de acuerdo en buscar lo extraño y lo escondido, lo que está mi vista es lo que hay y lo que puedo disfrutar no requiero de parajes lejanos para descansar, mi mente vive relajada y feliz, con la sola presencia de una planta y una brisa es suficiente. Creo que lo que sí necesito, es el silencio. Ese no tiene color, ni algo visible. Sin embargo el peligro es que me puedo quedar sorda, y  eso no me conviene. Yo requiero oídos para todo el día, y silencio para estos momentos de personalización, de interiorización que me llena de gozo, de felicidad.

Cuenta la historia que existe una escalera para cada quien. En ese lugar en donde me encuentro, debo subir un peldaño cada día, tal vez dos, y así cada día. Cada escalón significa un día, o un problema, o un proyecto, una situación. Es como si cada escalón tuviera su propia habitación, y para poder subir al siguiente escalón, debiera elaborar todo lo que esta habitación me ha puesto para poder encontrar la puerta que me haga salir de esta habitación presente, y me regrese a la escalera que me haga subir al siguiente peldaño. Así cada día, y cada ocasión, se tendrá que repetir, en cada proyecto, hasta que casi al final de esta escalinata, encuentre aquella puerta que desde abajo no se veía, y que me llevará a mi siguiente destino, a mi próxima estación con nuevas escaleras y nuevas aventuras, pero sólo viviendo el día a día, se podrá llegar a esta nueva habitación y esta nueva aventura. Sólo si he subido los peldaños presentes, estaré preparada para mi próxima estación. Presiento que esta nueva estación está cerca, está próxima a vivir y a disfrutar. Tengo gran emoción por ver mi nueva estación, aunque si creo que se parecerá a la presente, pero en un nivel diferente, dónde la dificultad será más sofisticada, pero sencilla para muchas situaciones. Lo único que deseo es que mi experiencia vivida me ayude a  comprender con mayor claridad aquello nuevo, que no cometa los mismos errores y que no sea tan decepcionante que regrese a lo hábitos anteriores. .

sábado, 25 de abril de 2015

THE LONGEST RIDE

Me ha impresionado mucho la película de ayer The Longest Ride con Melissa Benoist, Scott Eastowood y Britt Robertson. Veo que el escritor Nicholas Sparks se apega siempre al mismo personaje una rubia delgada abocada a su carrera, en el camino se encuentra a quien ayudar y de paso el amor. Sus libros no son del amor como tal, del tórrido romance que surge sin sentido, es el romance adorable, el que admira, el que el hombre adora a la mujer y es muy trabajador, hace su tarea de hombre que es trabajar. Sus hombres son fieles, buscan el amor perfecto, no se andan de coquetos con una y otra, son hombres bien hechos. La protagonista de Dear John, era creo que terapeuta de autismo y hay un chico autista que ella cuida. El papá del chico está solo, y como tiene cáncer, no hay quien los cuide, ni al papá ni al niño, y ella se casa con el papá del niño autista, a quien no ama, pero la necesita. Por otro lado teme que el novio muera en alguna misión, y ella realista se aferra a lo que se ve, a su destino que es ayudar a quien la necesita. El novio que está en la guerra es un marine, se está arriesgando y está siendo un héroe, desarrolla sus músculos siempre bien armados, pero se ve abandonado por su novia. Ahora ya no quiere regresar a la ciudad de su padre, donde casualmente también está la ex-novia, ella tiene un marido. Pasan más años, el papá de él muere y tiene que regresar a la ciudad donde está la ex-novia, momento en que se vuelven a encontrar. Él es demasiado tranquilo y aunque muy bien parecido, no tiene muchas novias, busca una maravillosa; de igual forma, su trabajo de héroe de guerra, le impide que cualquier mujer se fije en él.  Ella le explica que el niño autista se ha quedado huérfano y ella viuda, se quedan charlando al final de la película, y asumes que la relación ahora si va a funcionar. En ésta de The Longest Ride, la protagonista es estudiante de arte, una joven rubia delgada, elegante, sofisticada y sencilla, en dos meses va a Nueva York a hacer prácticas en un museo con una mujer que ve en ella buena madera. Pero ella se queda con el novio que la necesita, se queda con el viejito que la necesita. No se aferra al amor por sí mismo, se aferra a ser útil y responder  a lo que la persona amada le requiere. Hay comunicación. Aquí el hombre también hace lo que debe, el viejito de las cartas tenía una tienda, y su esposa era artista. El contemporáneo, el novio de la protagonista, es un ranchero que quiere vencer a la bestia, quiere encontrar algo  que no sabe qué es. Adora a la chica, pero ella es de otro mundo, ella es crítica de arte y se aburre en su mundo.

El final es perfecto la novia artista puede aplicar sus conocimientos de arte poniendo el museo de las obras que el viejito Ira y su esposa Ruth compraron, el novio vence a la bestia y encuentra que la chica es lo que quiere. Su madre le dice una frase que lo centra "son ocho segundos de esa bestia, o toda la vida con esa chica". Él se ha decidido por la chica, ha vencido a la bestia y se dedica a lo que le gusta, a cuidar el rancho que tanto le preocupa mantener.

Sin embargo algo me queda en el tintero, ¿Después de 10 o 15 años? ¿Qué pasará con ellos? ¿Ella encontrara el arte que necesita en ese pueblo de Carolina del Norte? ¿Será el museo suficiente para su gusto artístico? ¿El rancho le va a llenar a ella misma tras pasar los años y tener hijos? Son esas relaciones extrañas en que los protagonistas son tan diferentes que uno duda si el amor podrá subsistir. Son dos mundos diferentes, que pueden tocarse, pero no mezclarse: el rancho con aroma de estiércol, de plantas en putrefacción, con moscas sobre los pastos anegados. ¿Y el arte colgado en las paredes de la casa? Tanta naturaleza tan simple, maltrataría los cuadros que ella se  comprara. La casa de ese rancho tampoco correspondería al lugar en que está construida. Habría que hacer una gran casa como de ciudad que pudiera albergar y cuidar todo el arte que ella quisiera comprar. Su ropa artística y elegante del museo se ensuciaría con un día lluvioso entre el barro del rancho.

Y el hombre ranchero, ¿que puede entender del arte contemporáneo que todo son rayas y manchas sobre el lienzo? ¿Cómo encontraría en ese arte la cultura que todo ser humano requiere para crecer?

Es una pareja que en verdad requiere de mucha inteligencia para sobrevivir. 

jueves, 23 de abril de 2015

4. INACCIÓN. - PREMONICIÓN 4


 Ya son 3 meses desde esa premonición. Sigo mal, sigo queriendo romper las paredes, no encuentro cómo salir, no se si esté bien, o si deba salir. No se si deba quedarme en casa sin hacer nada, o ir al mundo a ver amigas, a intentar resaltar. Me siento muy agobiada, no encuentro de dónde asirme. Quiero quedarme en la cama, pero me da vergüenza, sobre todo no sé si tenga razón o es sólo flojera, Hace frío. Siento el rechazo, siento que no tengo deseos de estar con nadie, ni que alguien me mire, siento como si estuviera sola en el mundo y quisiera moverme, pero no tengo deseos de hacerlo. Ya pasé por la ansiedad, ya pasé por la comprensión, pero ahora, mi deseo es el quedarme en mi cama sin hacer nada. Me da mucha desesperación, busco alguna motivación que me acelere, que me impulse a moverme, pero es en realidad la inacción la que me domina. Y me siento triste y me siento mal, me da vergüenza no hacer nada, pero mi cerebro no tiene creatividad para hacer algo. quiero permanecer inactiva, y sin hacer nada. Enciendo música. Mi cerebro no resiste esta inacción de mi cuerpo, pero ¿es lo correcto? No hacer lo que debo y quedarme en cama como si tuviera 40 grados de temperatura? Una de las últimas etapas del camino es la soledad, la desolación, es el sentirse solo, sin deseos de hacer nada. ¿En verdad esto es lo que necesito? ¿En verdad esto me hará bien? No puedo dormir, ya hay mucha luz, y sin embargo mis lagrimas brotan saladas, como torbellinos , como fuentes de mar. Las lágrimas son sanadoras, ellas surgen en el momento justo para relajar al cuerpo, y me pregunto si tanta salinidad es la que corresponde a mi tristeza, a mi inacción. Mi única duda es si estoy haciendo bien. Mi duda es si no debiera ignorar mi estado y buscar una salida, un café. 

Mi temor sin embargo, es no abandonarme al dolor, para que él me cure, para que en él encuentre un solaz, que me abandone definitivamente. Abandono ese rechazo, abandono esa tristeza que me provoca, y sin embargo, tampoco quiero hacer nada para ir a buscar compañía. Al quedarme en mi soledad y en mi inacción, pretendo no buscar atajos, pretendo desterrarla de mi vida. Pero ¡oh!, cuan necia es, cuán necia es mi resistencia a moverme. Mi cerebro insiste en que hay mucho por hacer, en que hay muchas actividades que me deben importar más que estar aquí en la inacción,

Veo que tomo un café con Mónica, pero me canso. No quiero salir. Hago el mago, pero me canso. Es jueves. Voy con Les a tomar un café. A su casa. Sigo sin poder tomar una decisión. Me siento con un fuerte peso estomacal, como si algo me cayera mal.

Intento hacer una lectura, pero todo me lleva a dormir, todo me lleva a  veo una montaña, que está arrugada, que está aventada, está fuera de lugar esta arrumbada. Me duele verla me duele intentar concentrarme en ella, oigo un barreno  que quiere molestar mi paz. Oigo lo que siempre me ha perseguido, el ruido de las construcciones que me torturan y no me permiten estar tranquila. Junto con la música se escucha el barreno, pero después se va. ¿Me quedo? No. ¿Salgo? Me genera felicidad salir. Veo los amigos vividores, lacras, que echan los dados  y apuestan. Son vividores de la sociedad.  No me siento segura si me quedo o si me voy. Si salgo, quiero que sea con un propósito, de comprar, pero me veo cansada al regresar.

Heridas de infancia
En sincronicidad, escucho que hablan sobre este tema que me está afectando. Con felicidad oigo el consejo que me apoya en mis sentimientos, que me explica que mis conocimientos  estén equivocados, y que este dolor que estoy sufriendo, no es el del abandono, sino el del rechazo. Físicamente me descubro delgada, con la piel pegada al hueso, característica de un rechazo. El abandonado tiene el cuerpo lánguido, dejado, "abandonado", no tiene deseos de hacer nada por sí mismo porque al ser abandonado su personalidad así lo demuestra.

El objetivo de conocer cuál es la herida que a uno lo afecta, es hacer conciencia de que no es verdad aquello que pensás, que aquello que viviste alguna vez que te lastimó y que te obligó a sobrevivir "con un brazo roto" o "sin un pulmón emocional" no es verdad hoy, que eso que ahora vivís, es diferente a lo de entonces, que eso que ahora sufrís, no es lo mismo, porque ya has crecido, ya has madurado, ya has pasado por grandes experiencias, y felizmente, ya tenés las herramientas para resolver aquello que te aqueja. La ventaja de encontrarte nuevamente en el mismo callejón es que ya podés reconocer y resolver con valentía aquello que recibiste cuando eras pequeño. Se llaman heridas de infancia, porque se reciben en forma inconsciente desde el nacimiento y hasta los 7 años de edad, y se va administrando por generaciones, el padre inconscientemente se lo aplica al hijo, de la misma forma que el abuelo se lo aplicó al padre. La reacción es que se toman decisiones por impulso, desde el dolor, desde la creencia de la inconsciencia.. Las cosas que uno piensa que es, no se es, es un ajuste creativo a la razón de adaptación por los padres con los que estabas viviendo. Aquello que crees que eres, son sólo hábitos. Muchas veces nos hacen impotentes, irracionales, son momentos en que se pierde el control, genera celos, miedo, sentimiento. Han formado nuestra personalidad, y se manifiestan constantemente en forma de prejuicios, dolor, enojo. Son heridas latentes  que cuando surgen  generan no ser bueno, culpa, la circunstancia objetiva hace que uno cargue y actúe de cierta forma. Conocerlo es desactivarlo.

Mi premonición, y mi poca experiencia no me permitieron ver una salida, me quedé enganchada en la primera parte, los símbolos me llevaban a los chicos, pero no lo tomé como proyección, pensaba que era una distracción. Más aún, hacer una lectura debe llevar un límite de tiempo, y éste ya había acabado. Felizmente el vivirlo, me ha ayudado a encontrar sincronicidad para poderlo resolver. Hallar esa conferencia en el momento de mi inacción es como un salvavidas que resuelve lo que en un momento no tenía un sentido.

miércoles, 1 de abril de 2015

3. ENOJO - PRECOGNICION 3

El camino de las lágrimas, es muy lento, aquella enfermedad premonitoria, sólo le dio fortaleza a mi cuerpo y al mismo tiempo le tocó y le avisó en dónde sufriría más, por dónde atacar y por dónde resolver. Este largo camino, no es de unos días. Ya son 3 meses que voy deshojando la margarita y encontrando en cada uno de los pasos la condición mental que me ayude a superarlo.

Sigo en este triste camino, de pronto me siento fatigada, me siento que ya no puedo llorar más, decido que no puedo seguir sufriendo, y así el mismo dolor me saca hacia otra etapa. ¿Cuál? La negación. No. Me niego a regresar a la negación, a la negación donde nada ha sucedido, donde pienso que todo está bien. Me niego a regresar a esa etapa porque nuevamente tendré que volver a llorar como desesperada, a tomar ansiolítico, porque mi realidad no me permite vivir, porque mi dolor es más fuerte que mi realidad y no quiero vivir llorando.

Así releo el pasaje de Jorge Bucay, "La ruta de las lágrimas". Voy palomeando cada una de las etapas, realmente no he encontrado aquella en que cuenta la historia en que iguala una pérdida y un duelo, con una herida sangrante. Sin embargo, sí encuentro la semejanza en mi estado de ánimo. Ese cansancio exagerado, ese que no me permite levantarme temprano y escribir largamente. Yo pensaba que era el ansiolítico el que me mantenía aletargada, pero no, soy yo la cansada. Así mientras releo esta obra que he leído unas 3 veces, observo que una cualidad del duelo es la fatiga; Y si, estoy fatigada, quiero vivir durmiendo porque la noche no me alcanza para descansar. Encuentro un esquema que hace tiempo no había comprendido. El camino del dolor es una línea recta, que pasa por todas las etapas de sufrimiento, pero hay dos desviaciones que aparecen en medio camino: la negación y el sufrimiento. Me aterré cuando vi esas dos desviaciones, ¿sería que en verdad estaba negando mi realidad? No. Al comparar lo que el texto explica, con mi propia vivencia, veo que es una piedra con la que he tropezado, pero mi cansancio me indica que voy en el camino correcto. La otra desviación es el sufrimiento: es el perder el sentido y la razón para llorar. Cualquier razón es suficiente para sufrir, es un estado mental en el que se cae cuando no se quiere recorrer todo el duelo, cuando no se tienen las fuerzas para soportar alguna realidad. Cuando uno se estaciona en el sufrimiento, todo es razón de llanto, de dolor, de sufrimiento. La persona pierde el correcto sentido de la vida, porque lo ve a través de los lentes del dolor. Es un camino que debe retornarlo a uno hacia la línea recta del duelo, ese largo y cruento camino que al final me dará una liberación, pero que mientras la vivo, lloro, me desgasto.

Así, pese a que yo pensaba que ese velorio había sido suficiente para superar el dolor, me di cuenta que había sido sólo una muestra que usaría para colocar al fallecido en mi vida, al fallecido que nunca me avisó que se iría, y que me abandonó dejándome sola, sin compañero de juegos, aquél que no vi en su ataúd, y que tampoco vi que metieran bajo tierra. ¡Qué sufrimiento! ¡Cuanto llorar! Mi compañero de juegos  se había ido hacía años, y tal vez entonces no lo supe despedir como ahora.

La foto de la fallecida de ese velorio que me tiró en mi gran depresión, en mi mente era la del pequeño que solamente tenía 2 años, y ese ataúd grande, café, que yo había visto, era suplido por uno pequeño, blanco que era el del niño que había muerto. Yo no encontraba una forma racional de llorar, de despedir. Mi llanto brotaba enojada, reclamando al mundo o a mi situación por haberme quedado sola, sin mi compañero de juegos, sin ese muñeco viviente que yo tenía día a día para jugar, para compartir mis muñecas.  Aquí Bucay recomienda rodearse de los seres queridos, y racionalizar con ellos el propio dolor, o tal vez contarles la historia de aquello que sucedió. El objetivo es contarlo tantas veces que uno al final ya no llore, ni sufra por ese ser perdido. No hay mejor catársis que hablar y llorar, que explicar al sentimiento por aquello que se vivió, porque ese recuerdo ya murió sin poderlo despedir correctamente.

Cuando hay una actividad traumática en la vida, las neuronas de la amígdala, que son las que reciben esta noticia, automáticamente se mueren, para que el hipocampo no recuerde la escena. El cerebro irracional, no espera a que el sentimiento procese y cierre ese dolor, el cerebro simplemente corta porque no quiere que las funciones corporales se deterioren con el stress de esta vivencia. Sin embargo, el corazón, sí requiere recordar para cerrar.

¡Que manera magistral de cambiar a los muertos!. ¡Que poder tiene la mente humana¡ Tras llorar cerca de 30 minutos, me sentí nuevamente fatigada, pero liberada, pude despedir a mi compañero de juegos,  aquél al que nunca le dije adiós y que me había llevado al atajo del sufrimiento, del llorar eternamente y del vivir en el dolor y no encontrarle el sabor a las pequeñas vivencias del día a  día.

Recuerdo aquel día de noviembre cuando recibí la primera premonición. Cuando releo los símbolos veo que no podía ver más allá me veía triste y desesperada, desconsolada. Una flecha lanzada sin un blanco. El propio dolor es el que no le permite a uno leer correctamente aquello que depara el futuro, porque el cerebro automáticamente lo cancela.