lunes, 6 de enero de 2014

El regalo de Jiménez

"Hoy he llegado emocionado al árbol de natale, y con desconcierto, me he encontrado una carta de los reyes, he sido un niño tan desconsiderado que no me he ganado ningún regalo. Mi regalo que yo esperaba, se ha quedado en una bodega esperando a que yo me porte bien. Yo había pensado que los Reyes perdonaban todo y no veían, y he descubierto con tristeza que no es así, que ellos si ven y si cobran lo ofrecido y que si no me he portado bien, efectivamente, no me traen nada. 

¿Por qué? ¿Por qué los reyes no se acuerdan de mi si yo soy solo un niño pequeño con buenos sentimientos? A mi me han enseñado que portándome mal, siendo desobediente, haciendo enojar a papá y a mamá, es como puedo recibir algún beneficio, y así lo he aplicado, pero los Reyes no lo han entendido así, y no me han traído nada". 

Cuenta Jiménez a su psicóloga tras esa sesión de hipnosis. Jiménez habla como chico, se expresa como chico. Se le llenan los ojos de lágrimas como si todavía tuviera 7 años. Jiménez se queda callado, mira al piso, se da cuenta de sus lágrimas, y avergonzado se las enjuiga con la mano. No se atreve a mirar a su interlocutora, quien impávida le alcanza un pañuelo.  
" Es que yo quería regalos, y no me los han dado. Yo quería algo lindo, y no he recibido nada. Desde ese momento, me fui fraguando en una mala persona. Fui fraguando aquello que me tornaría en un ser malo. ¿Por qué comportarme como ser honesto? ¿Por qué ser bueno si me habían enseñado a ser malo? Mis padres siempre peleando mi padre siempre abusando de su autoridad, mi madre defendiéndose de mi padre. Ella siempre me tuvo fé, ella me apoyaba. Pero no importaba qué hiciera ella por mi. Las madres están para eso, para hacer todo por un hijo, mientras uno hace lo mismo que su padre. Yo aprendía que mi padre era abusivo, y yo aprendí a ser así, yo aprendí que mi padre era violento, y yo aprendía a tratar así al mundo."
"Pero, me decías que tu madre sí te apoyaba"
"Ella si, la quería mucho, pero no podía comportarme como una mujer si yo era un hombre, yo debía hacer lo que los hombres, como mi papá. No podía actuar como mi mamá, si ella es mujer."

Al fin la psicóloga rompió el silencio "¿Vos pensás que un regalo no dado amerita todo este mal comportamiento? Yo creo que ya lo podés superar. Si ya has comprendido que la culpa es de un regalo, anda, compralo y pedí que te lo envíen por mensajería, de parte de los reyes magos para vos". 

Jiménez triste salió del consultorio. Tenía que ir a firmar a la cárcel, tenía libertad condicional y algo en el fondo le quedaba que un alma bondadosa entendió el origen de su problema y lo liberaron con la condición de que firmara cada semana. El verdadero reclusorio vivía en el corazón del hombre, no había celda material capaz de mantener a semejante hombre cerrado. El un hombre joven, de tan solo 30 años, un hombre siempre aventurero, siempre en busca de algo nuevo, de algo que le hiciera sus ojos, entonces sonrientes, lanzar un chispazo. Su boca mediana, semi formada, el labio inferior grueso, de una persona noble, el labio superior delgado de una persona enojona. Su altura no lo dejaba pasar desapercibido, su gran tamaño y grandes manos, hacían que por donde pasara la gente le cediera el paso. Jiménez un hombre hermoso, con un corazón secuestrado, con un corazón endurecido por la maldad recibida en una infancia mal terminada. Jiménez un gran hombre, con un hermoso corazón que había tenido que cerrar por encontrarlo inútil de utilizar. Sólo la fuerza bruta, la fuerza dotada a esa medida enorme de su persona, le ayudaba en la tierra. Sólo esa fuerza bruta y maciza le hacía moverse y continuar por el mundo. Sólo esa fuerza bruta era lo que quedaba de un chico, que no hubiera recibido un regalo en el día de reyes. 

sábado, 4 de enero de 2014

Istanbul - Haghia Sophia

Visitar la mezquita azul fue curioso, había demasiada gente, parecía un bazar más que un lugar de oración. Al mirar las fotos, me ha faltado describir los ventanales y curiosamente mis ojos vieron detalles que la camara no ha podido retratar. La cámara ha tomado un todo que mis ojos han visto como un detalle.

Istanbul inició como el Imperio Bizantino, fue famoso porque allí estaba Constantinopla. En algunas zonas antigüas, todavía quedan rastros de la enorme muralla de piedra amarilla clásica de las construcciones de esa época. En un principio, todos los habitantes eran de religión ortodoxa y una de las principales construcciones que tiene Istanbul es Haghia Sophia, que significa Santa Sofía, que no tiene nada de santo sino que se refiere a la "Divina Sabiduría". Esta enorme construcción se hizo como iglesia ortodoxa, los venecianos dorados forman imágenes y pasajes de la biblia hermosos.

Nuestra guía nos ha mostrado con gran cuidado las caras santas que tienen los actores de las paredes. Más adelante, Istanbul fue conquistado nuevamente y se hizo musulmana, entonces, Haghia Sophia se convirtió en mezquita islámica, cubriendo los hermosos mosaicos dorados con paredes pintadas con algún grabado. Tiene hermosos mármoles de colores que durante años seguían las normas musulmanas. En algún momento de mayor población, los ortodoxos reclamaron su iglesia, querían que les fuera devuelta para su uso, considerando que ya había suficientes mezquitas. Como no se pusieron de acuerdo, el presidente de entonces, Atatürk, la tomó para el estado y la hizo museo. Hoy está siendo remodelada y escarbada para buscar los antigüos diseños ortodoxos y se ha ido hallando en algunos rincones. Así, esta enorme iglesia muestra una combinación de estilos: mármoles hermosos de colores y pasajes de la biblia y de la virgen con venecianos dorados. Lo más impresionante es que aquí, por ser iglesia con otro fin inicial, su construcción es de dos plantas, con una galería que permitía tomar la misa desde arriba, para los que recién iniciaban, y desde allí hemos podido observar claramente a nuestros ojos y escala humana , hemos podido apreciar las medidas gigantescas de ésta y compararla con las otras mezquitas. Pareciera que el gigantismo barroco es la medida que se ha tomado para construir en esta ciudad.

Haghia Sophia es hermosa por fuera también, es monumental y está rodeada de árboles y grandes explanadas. Antigüamente había cerca de allí un






hipódromo, que hoy se ha sustituído por un hermoso parque 

El adulto chico

Hoy no sé en qué sentido escribir. Veo imágenes simpáticas e infantiles, una muñeca abandonada en una fotografía, una pequeña que juega constantemente con todos sus juguetes, con sus muñecos. Les saca fotgrafías, les organiza festejos, todo lo que para una pequeña es formativo para sentirse grande. Cuán importante es ser grande, pero, es más aún que esa adultez como se conoce realmente el ser grande, vaya acompañada de una actitud en verdad de convencimiento, de quien acepta que ya no es más un chico, que pese a que la actitud hacia la vida debiera ser de chicos, es preferible tomarla como adultos, vivir la vida como un adulto.

¿Qué es vivir como adulto? Es no buscar sólo diversión. Los pequeños, con toda seriedad juegan con sus coches, con sus muñecos. Con toda seriedad salen de viaje y tienen conversaciones que les van formando una idea de lo que es el mundo, y los adultos, deberíamos mirar el mundo con la misma seriedad que ellos nos observan, pero con la comodidad que lo hace un chico, con la libertad y apertura, con la ligereza de quien puede cambiar de juego, sin ansiedad, sin corrupción, sin todas las telarañas que tenemos los adultos para actuar. Esa parte de las telarañas me proyecta. Siento que las telarañas, son todas las enseñanzas que hemos tenido y que las tomamos y utilizamos sin elaborarlas. Si nuestros padres nos han enseñado que vestido de azul es como se va al laburo, no pensamos si es correcto ir vestidos de azul, así vamos eternamente sin pensar si el azul es el color que más me conviene. Si los padres han enseñado que antes de un asunto importane uno debe gruñir a todos y ponerlos nerviosos, así lo efectuamos, sin considerar que esa actitud está de más. Son esas telarañas las que nos afectan como adultos, las que nos obligan a querer ser chicos nuevamente. Los chicos quieren ser adultos porque parece maravilloso, pero los adultos admiramos la libertad, la poca responsabilidad y demás virtudes que un pequeño tiene y de esa forma suelen comportarse algunos.

Algunos adultos viven embriagados, o con alguna pequeña dosis de alcohol en la sangre, mostrando que no han superado la etapa infantil, mostrando la irresponsabilidad que un pequeño le corresponde y es de su época. Un adulto sabe beber, poco y con medida, sabe festejar, con la mayor diversión, sabiendo que al terminar ese festejo, se ha terminado y no vamos a seguir jugando como chicos, esperando que mami nos despierte o que un adulto se venga a responsabilizar de nuestra mal terminada fiesta.

Ser adultos es maravilloso, yo no quisiera ser pequeña por nada. Yo soy pequeña, soy chica en muchas formas, mi manera de actuar y de pensar, sin embargo es la parte divertida de mi. A mi me gusta ser adulta,  porque soy responsable, madura, porque se el momento en que la fiesta ha terminado o por qué no quiero ir a la fiesta. Ya no tengo que pedir permiso a mami o a papi, ya no tengo que esperar que alguien tenga el sí final. Esas ventajas son las que ven los chicos y por la que desean ser como nosotros. Yo se que esto suena a abuelos, pero cuando empieza el año, uno debe evaluar el camino que ha seguido y hacer modificaciones al respecto.  Yo sé que es aburrido escuchar las frases repetitivas publicitarias de "aprendé de los errores y seguí adelante" es muy desagradable escuchar que la gente las usa como una letanía. Creo que está bien, si se siguen y se toman en cuenta, si en verdad uno aprende el por qué la fiesta debe terminar al cerrar la puerta y por qué conviene beber sólo lo suficiente para estar felices mientras ésta dura. Ser chicos es lindo para disfrutar el momento. Bueno, ser un chico como el de antes, cuando lo más cool era tener plumines nuevos. Vivir el momento lentamente como si fuera una experiencia nueva, pero vivirla como un adulto que sin telarañas que le distraen su verdadero objetivo sabe comportarse como él ha decidido y no por el miedo, por el gruñido, por el extraconfort o por el móvil con que ha sido educado. 

viernes, 3 de enero de 2014

Istanbul - Mezquita Azul

Decía que me gustaría escribir una novela de Istanbul, algo que me lleve al misterio, a la duda del pensamiento islámico, a la cultura musulmana. Es una cultura que yo no comprendo. El pensar que se inmola uno al matarse por Alah. El matarse como hombre bomba en medio de una plaza, matando a otros cientos consigo, porque eso va a purificar al mundo. No lo comprendo, es como el nazismo, que pretendía aniquilar a los judíos por no ser puros. Otro punto es llevar a la mujer velada, ¿es para que no escandalice, o es porque no existe? Tal vez sólo sea una máquina de dar bebés para poder inmolar y por eso la llevan velada y minimizada. Es algo que tampoco comprendo. Vivir en un harem conviviendo con otra mujer que comparte la misma carne cada noche, tampoco. Me imagino la competencia entre las favoritas, quién tiene más trucos para ganarse el gusto del sultán. Cada noche inventar algo nuevo para que al día siguiente el la elija a una. El enojo de la rival por verse destronada y que sólamente le quede una noche para permanecer como favorita, o se irá a la fila de repuestos. El enojo de pasar a segundo término porque el sultán se ha cansado de mi. Tal vez no tenga que ver con su estado corporal, tal vez haya algún problema importante en el país y él quiera estar solo, la está rechazando a la mujer de turno, y eso seguramente la conflictúa. Son detalles que mi pensamiento occidental, no logran captar.

De esta forma, continuando con el tour por Istanbul llegamos a la mezquita azul. Se le llama así por tener en su interior mosaicos blancos pintados en azul, verde y detalles rosa. Son grabados, minúsculos que forman enredaderas que se van ensanchando hasta cubrir 5 cm, para volver a limitarse a una sencilla línea. Aparentemente no significan nada, pero dado el misterio de la cultura musulmana, asumo que esos grabados surgieron por su misma letra, los mismos gráficos que ellos escriben en su lenguaje escrito, los han impreso en las paredes de esta bella mezquita. Es algo hermoso, seguir con la vista la inmensidad y la grandeza de este trabajo. Éste se repite a lo largo de toda la mezquita, en paredes y techos. Son espacios ipresionantes. Entre cada pared, hay alguna columna de pata de elefante, con una circunferencia de 10 m. cuando menos. Es un espacio tan grande que es difícil calcular su medida, si el salón de fiestas de Dolmabahçe mide 200 metros cuadrados, ésto siendo mezquita y con ese tamaño de columnas, puede bien medir 400 metros. El techo es de doble cúpula.

Desde el atrio uno admira una hermosa cúpula redonda muy grande, que desde dentro pasa uno varios segundos siguiendo la línea hasta llegar al centro de ella. Como decía, el atrio es también enorme. Este es más fácil de medir porque es abierto, tiene en el centro un pequeño kiosko de unos 20 metros de circunferencia, donde están los lavaderos de pies, pueden bien albergar 10 hombres que deben purificarse antes de entrar descalzos en la mezquita. A los turistas nos permiten entrar descalzos con unas bolsitas en los pies. Llevar los zapatos en la mano porque no hay un espacio para colocarlos. Yo imaginaría que al estar los pies descalzos, este lugar olería muy mal, pero no es así, huele a incienso o a algún aroma arabe con sentido musulmán.

Ya que se ha uno acostumbrado a las enormes dimensiones de este lugar, se fija en los detallles, al lado izquierdo hay una especie de altar con columnas. Realmente mi curiosidad no fue tanta como para ir el viernes a observar una misa musulmana, no hubiera podido, siendo mujer hubiera debido quedarme tras las celosías. Las alfombras llevan unas líneas que en cierta distancia se rompen por  un tulipán, donde se coloca el hombre que va a hacer su ritual. El tulipán es una flor sagrada, aparentemente por su pronunciación. Es una lilácea y al pronunciarlo en árabe suena a lelah, algo así como Alah. Entonces, la alfombra rojo claro dibujada con líneas que alternan tulipanes en todo lo largo, puede albergar a miles de hombres allí dentro, con un espacio grande y suficiente para poder agacharse, hincarse y tomar la posición de alabanza. Las celosías, donde las mujeres deben colocarse, son estrechas, me las imagino hacinadas, como en una trinchera, haciendo los mismos movimientos pero pegadas unas con otras para poder caber en ese lugar pequeño.

Las torres no se aprecian desde dentro, sólamente en el atrio se miran las 6 torres, como palos largos, larguísimos que se van adelgazando, terminando con un  tope de acero que acaba en una sencilla aguja, una aguja que se introduce en el cielo, como una inyección que quisiera absorber aquello en lo que se desintegra y traer el cielo hasta la mezquita, inyectarle al cielo, y absorber de él la pureza que la mezquita requiere para alabar a Alah. Desde la distancia parecen hilos de agua que se desdibujan en el cielo. Es como una fuente redonda con sus chorros que suben y bajan y vuelven a subir, para tomar impulso y volver a subir. Es una imagen hermosa en la distancia, una fuente de cemento, rodeada de arboles y fuentes de agua, que se pierde en un hermoso
cielo azul cobalto, brillante, limpio. El cielo de Turquía es hermoso, azul claro.

Auch

Hay días en que las modificaciones conductuales del cuerpo, le descomponeen todo el día. Eso me ha pasado ayer. Cada día he tenido una situación que me hace perder algunas horas de las pocas que tengo para entretenerme. A veces es una discusión, otras un retador, ayer fue un dolor de estómago. Yo fui a almorzar temprano, al regresar a casa, sentía una bola en el estómago que no me permitía respirar. Era una bola dolorosa, que me tenía hinchado el abdómen. En ocasiones me recuesto boca abajo y eso me apacigua el dolor. Aquí como no tenía aire, me recosté con la cabeza pendiendo de la cama, un poquito más y me caía de cabeza. Me he tomado varias tisanas de camomila y el dolor no ha cedido sino hasta varias horas después.

Creo que la mezcla de lácteo y gluten es letal para mi  organismo, es como un veneno, como de crustáceo. Yo había pensado que ya estaba repuesta, y me paraba para continuar el día, pero nuevamente el dolor me mataba. Alguna vez escuché, que un remedio para el estómago era el café. Evalué que a esa hora, una taza de café me mantendría despierta hasta altas horas en la noche, pero me arriesgué. Tomé un café, y... si me curó y no me dió insomnio, me pude dormir temprano.

Es molesto cuando las situaciones adversas a uno le entorpecen la vía rápida y el llegar al punto esperado, pero me dejé llevar por los ojos. Me habían descrito el postre como con láminas de chocolate, y yo me dejé llevar por la curiosidad. Al final era un pastel imposible, ese que uno coloca la masa de pan arriba y el flan abajo y al final de la cocción esta invertida la posición por el peso específico de cada materia. Si estaba delicioso, pero ha sido letal.

Veo oscuridad en el fondo de un asunto, es como si ese dolor fuera el principio de otra cosa. Hay que ver al doctor. Creo que es el intestino con el colon, nuevamente hay que tratarlo. En fin, que es desagradable cuando uno se enferma sabiendo que hay productos de que no deben comerse. 

jueves, 2 de enero de 2014

Istanbul - Horacio

Esa primera noche en Istanbul fue de lo mejor. Ese país te seduce, tiene ese encanto que hace que te sientas feliz, lleva el misterio de aquello que uno supone será maravilloso. Caminar por esa calle peatonal llena de jóvenes hombres y mujeres, la mayoría locales. Era jueves, y la calle estaba llenísima, yo pensaba que por ser jueves, los locales la usaban como día de paseo, pero no era así, también en martes estaba repleta de jóvenes. Istanbul tiene un alto porcentaje de su población en jóvenes menores a los 30 años y se nota en las calles.

La cultura está muy europeizada, yo esperaba ver mujeres de todas edades, veladas. Pero no. Las jóvenes, no llevan ningún velo, ni muestran sólo los ojos como se podría percibir en Irán,  o en otros países musulmanes. Vimos muchas mujeres iraníes de todas las edades, esas sí, con su Burka o como se llame la sotana que les cubre de cabeza  a pies. Pese a la gran influencia eurpea, los jóvenes turcos, se ven recatados y bien comportados, y parece que uno está en cualquier ciudad de Europa por la vestimenta que llevan.

Uno de nuestros compañeros de viaje, se llamaba Horacio. Él tiene esa simpatía, esa forma de hablar, que no importa lo que diga, seguramente parecerá una broma. "Mirá aquí le llaman Koafer. Mirá pero si es un coiffeur, solamente lo disfrazan para que parezca turco". Había que cruzar una calle donde confluían varias otras calles, había que pararse en medio de cada una permitiendo que pasaran los autos. Una vez que dominamos el cruce de esa calle, dice Horacio: "Mira ya somos turcos, ya cruzamos igual que ellos". Había uno como conventillo donde cada casa era un restaurante. Entre todos pagaban el alquiler y el show. Desde la primera noche que pasamos por enfrente de éste, entramos a investigar cómo era. Cada vez que pasábamos por enfrente, nos quedábamos un poco más de tiempo, cada día tomábamos una copa, otro día comíamos y así, la última noche que pasamos por allí, le he preguntado si no ibamos a pasar al lugar predilecto, se me quedó mirando y con la voz de quien tiene todo seguro, me respondió "no, ya soy socio". Tal vez al comentarlo no suene tan simpático, sin embargo en ese momento, no pude más que tirarme a reír. Ese hombre en verdad sabía mantenerme en estado de risa etílica.

Al siguiente día visitamos el Castillo de Dolmabahçe. Es un lujo grandioso el de este lugar. Los jardines bien cuidados, las rejas ya cerradas, pero entonces abiertas a la navegación por el Bósforo, cada rincón de este castillo tiene una ventana a este hermoso río cuyos colores cambian según la hora del día y el sol que le esté pegando. La guía nos describía con detalle el uso que se le daba a este castillo, eran las oficinas del sultán. Aquí recibía a los jefes de estado, y presidentes que tenían a bien visitarlo. Los salones son inmensos, con techos altísimos, la decoración repleta de oro y espejos, de cuadros valiosos y alfombras hermosas. En forma curiosa, observamos que los muebles no estaban desgastados, que las sillas eran muy pequeñas para el alto de la mesa, y, nos contaba la guía, que ellos usaban el suelo para sentarse, los muebles eran sólo pantalla para los visitantes. El castillo era sólo de hombres. Ninguna mujer podía pasar ni disfrutarlo, si acaso podía mirar a traves de las celosías, para que nadie las viera.

También pudimos conocer el Harém. Esta guía maravillosa nos describía con detalle las costumbres y organización de éste. La mujer más importante, era la madre del sultán, aquí no había papá sultán y el descendiente, todos morían para poder dejar el trono al heredero. La madre tenía pase directo a cualquier rincón, me parece que ella era la única que podía visitar el castillo. El harém era donde el sultán vivía y trabajaba, el castillo era sólo fachada. Aquí el sultán vivía con sus 10 concubinas. La madre las elegía y entre ellas, el sultán podía elegir a 4 favoritas. Éstas permanecían como favoritas, siempre y cuando, el sultán pasara con ellas durante 4 o 5 noches seguidas, si alguna ya no recibía ese privilegio, debía cambiarse de habitación. Las habitaciones eran grandes, cada una tenía 3 o 4 dormitorios y una sala, eran como pequeños apartamentos para la concubina y sus hijos. Entre ellas convivían en los lugares comunes, y los chicos se desarrollaban como hermanos en este grandísimo lugar. También la servidumbre tenía sus rangos. Las empleadas domésticas principales tenían una pequeña habitación, y las de menor rango, solamente una cama. Era aquello un hervidero de gente, 10 mujeres con todos sus hijos, 4 ó 5 por cada una, además la servidumbre superior y la menor. Todas ellas mujeres. Los hombres eran negros y eunucos, para que el sultán tuviera la supremacía sobre toda la población de su casa.

Esa noche Horacio, durante la cena, soñaba con ser un sultán y tener un harém. Ese restaurante tenía una decoración especialmente de sultanes, porque tenía pintados en las paredes hombres en ricos trajes, todos congregados, de una forma elegante y de importancia. Mirando las pinturas en las paredes, Horacio imaginaba . "¿Qué sería tener cuatro mujeres para mi solo?" Mientras su mirada vagaba en la distancia y su sonrisa mostraba placer y un poco de picardía, el representante de África contaba que su cultura les permitía tener las mujeres que pudieran mantener, que a veces el rey tenía conflictos porque no sabía con cuál de sus concubinas viajar, que seguramente ambas lo servían muy bien, y estando complacido con ellas, alguna vez tuvo que viajar con ambas, tras la incertidumbre y la indecisión de no querer herir los sentimientos de ninguna.

Así transcurrió la comida, cada representante contando la usanza de sus culturas y haciendo bromas sobre lo que las otras culturas apreciaban de ello. Una vez terminados, estábamos por levantarnos de  la mesa "falta tu mujer, Horacio" le dijo uno de la mesa "no importa, se puede quedar, aún tengo otras tres de reserva". Había sido una velada tan divertida y creativa. Nuevamente nos dirigimos a dormir cruzando calles "al estilo turco" como diría Horacio, percibiendo el aroma de los marrons que venden en los carritos en las calles, escuchando el llamado de las 10 de la noche, última llamada a rezar entre los musulmanes.

Ese sonido característico de la llamada, suena como un concierto de elefantes levantando sus trompas. Varias veces al día, cada cuatro horas se repetía esta faena, escuchar los elefantes durante 15 minutos balar con sus trompas al aire, para continuar con el silencio de una vida rutinaria de turistas.

Cuántas veces he intentado escribir una novela sobre Istanbul, sin suerte. No me puedo meter en esa cultura islámica tan diferente a la occidental, con costumbres opuestas completamente. El escritor Pierre Loti, quien viviera en Istanbul durante 20 años, escribió un pequeño libro de sólamente 100 hojas, en donde en algunas páginas da una ligera visión de la cultura, de la forma en que él se infiltró y de lo que el destino le tenía. Fue una mujer, la que lo dejó aparcado allí todo este tiempo. Él era militar y había tenido una asignación en Turquía, donde conoció a Aziyadé, una esclava hermosa que de alguna forma se cruzó por su camino. Como tenía dueño, ella por medio de un mensajero, le hizo saber que pronto llegaría a Istanbul, que allí la esperara, y ella le enviaría un mensaje. El hombre la esperó por meses, deseando que el llamado de sus superiores, no le hiciera moverse de Istanbul. El se hizo mercader como tantos otros turcos y aprendió a mezclarse con todos ellos. Una vez a la semana venía Aziyadé entre las sombras, para que al amanecer, sin todavía haber despuntado el sol, salir cautelosa para regresar al harem, a esperar otra larga semana que los acercara.

Intentando escribir una novela me pierdo, al igual que Pierre Loti, entre la confusión de culturas. Entre lo prohibido del islam y la cultura velada que seguramente estará bien controlada entre sus seguidores.


miércoles, 1 de enero de 2014

Istambul

Cada vez que inicia una semana y me doy cuenta que no he hecho mi labor, me lleno de espanto. ¿Cuánto tiempo puedo pasar organizando y dándome cuenta que no aterrizo nada de lo que he iniciado? Tengo muchas razones. No quiero más levantarme de madrugada, estoy agotada. Terminar el Mago, en que durante 15 días seguidos trabajé de 4 a 11 de la madrugada, y luego reiniciar el día normal para terminar a las 9 de la noche, me ha dejado con cero energía, cero ganas de levantarme, de escribir nada.

Por otro lado he estado realizando otras cosas que habían quedado pendientes. Me he dedicado a sacar las fotos sin acomodar de aquél viaje a Istanbul. Ha sido lindo recordar y refrescar todos los símbolos que han creado a Zafiro Azul, todos aquellos detalles que me han hecho terminar aquella obra de arte que soy ahora.

Recordaba aquel hombre en la calle de Ishmin Shiklal. Él tocaba un instrumento extraño, como una guitarra con muchas cuerdas. Debe ser uno típico de ese lugar del mundo. El cantaba y yo lo filmaba. Me agradaba su voz, me la iba absorbiendo por cada parte del cuerpo, mediante lo escuchaba cantando. Él al percatarse de mi presencia y mi  filmación, se puso a flirtear con los ojos, su entonación se hizo más dulce. Aquello iba hermoso, hasta que alguien vino a distraer mi atención, y se perdió el instante. El hombre terminó de cantar, yo ya no filmaba, sólamente me quedé  a escuchar el final de su melodía para continuar mi camino.

Aquella primera comida en las alturas, cerca del puerto. Todas las vueltas que dimos varias veces, buscando un nombre que pocos conocían, o que sabían quedaba cerca, pero no precisamente. Dimos vueltas y preguntábamos. Vimos una hermosa edificación, de la embajada de Holanda, que en ese momento tenía una fiesta. Todas las luces encendidas mostrando detalles de los acabados de la piedra, unos acabados que detallan símbolos importantes para los musulmanes. Otros lugares llenos de música y buen ambiente, pero ninguno se llamaba como el que buscábamos. En un último intento, a punto de darnos por vencidos, encontramos quien nos orientó correctamente y llegamos a nuestro destino . Era un hermoso lugar en un segundo piso: una terraza, con vista al puerto, donde un par de barcos estaban aparcados para pernoctar en Istambul. No recuerdo la comida, seguramente algo turco, lleno de especias, delicioso. Lo mejor era la compañía. Gente amigable, divertida, con historias curiosas y una cultura vasta, llena de experiencia y vivencias acumuladas.

Recordar la visita a las mezquitas. La mezquita azul, Haghia Sophia, y todas las discrepancias amainadas por Atatürk. Ese gobernante que hizo el cambio en Turquía, ése que la tornó de una ciudad antigüa y llena de pretenciones provocadas por las creencias religiosas, a una ciudad europea. Una ciudad que conservando sus tradiciones islámicas, podía comulgar perfectamente con la cultura del continente donde se encuentra emplazada.

Aquí debo dejar mi relato. Se termina la pila de mi descompuesto electrónico, todavía debo revisar los errores, y cuando la pila dice "se acabó" no hay plazos que alargar, hay que hacer lo que el aparato ordena.